Ada Colau se fue a pique

ADA Colau, el último capricho de la burguesía catalana, es un ser poliédrico con tantas caras que es imposible descubrirlas todas: activista antidesahucios, alcaldesa, mecenas de okupas, separatista, paracaidista electoral, emisora de moneda, rebautizadora de calles, impulsora del Ejército de Catalunya, sectaria con las víctimas del terrorismo, promotora inmobiliaria de mezquitas, chanchullera con los alquileres, enemiga de los cruceros, perdedora de cuestiones de confianza, ferviente practicante del postureo... y ahora también ignorante supina. Ofició la muy laica ceremonia de rebautismo de una calle, que deja de llamarse Almirante Cervera para denominarse Pepe Rubianes, aquel cómico arousano-catalán padre de la frase: “Que se metan a España en el puto culo a ver si les explotan los huevos”. ¡Ejemplar!, tanto como la alcaldesa, que sentenció que Rubianes estaría orgulloso de que le quitasen el nombre de la calle a “un facha”... Tan facha era el marino, héroe de la guerra de Cuba, que le rinden tributo en la isla y en Estados Unidos. Tocada y hundida, alcaldesa.