Los últimos ocho años nos han enseñado a no venirnos arriba antes de tiempo y, sobre todo, a tener los pies en el suelo. Pero eso no quita que, precisamente tras esa travesía en el desierto, en cuanto vemos un destello, llámese Aubameyang, Casadó o Adama Traoré, pues nos ilusionemos y soñemos un poco, aunque técnicamente seamos unos recién llegados.
