Desde siempre en A Coruña hemos estado más preparados para la lluvia que para el calor. Pero las altas temperaturas, cada vez más habituales, nos demuestran que faltan refugios climáticos, autobuses con aire acondicionado y algo en lo que no solemos reparar hasta que el termómetro se dispara hasta los treinta grados: sitios con sombra.
