Hay quien hace años que no sabe lo que es llevar una moneda en el bolsillo. Ni un billete, incluso. De la tarjeta hemos pasado al móvil y ya no tenemos ni para dejar propinas ni para dar limosnas. Lo último lo han remediado en la iglesia de Santiago con un sistema de pago electrónico, que apunta a solución de futuro. Porque la fe es eterna, pero el efectivo no.
