Pues ya estaría. El Tribunal Supremo ha hablado y el pazo de Meirás vuelve al pueblo. Más vale tarde que nunca. Durante unos días se van a suceder las manifestaciones de júbilo y luego viene lo complicado. Que, una vez pasada la euforia, el inmueble no acabe languideciendo, sin actividad, sin vida, sin sentido. Será por posibles usos...
