Lo malo de los grandes anuncios es que hay que cumplirlos. O asumir la responsabilidad de la decepción ajena. Es cierto que las obras siempre parecen más bonitas en el papel –o en la recreación en 3D–, pero es que a veces el resultado es irreconocible. Que conste que los vecinos del Agra están contentos. Antes tenían un muro.
