Parecía que el cielo iba a caer sobre nuestras cabezas, y casi lo hace si nos dejamos llevar por los sonoros rayos nocturnos. El día iba a seguir con el mar amenazando con tragarse la tierra. Sin duna, dañada por el temporal, se preveía que las olas tomasen el Paseo. Por una vez, el viento se alió con nosotros y apaciguó a la mar.
