Quizá ayer vieran a algún viajero con la maleta a cuestas y gesto de desamparo caminando por la ciudad. Sería un optimista que se presentó en la estación de autobuses confiando en que los servicios mínimos de la huelga de transporte le servirían para llegar a su destino. Ahora ya sabe que es mejor ponerse en lo peor para evitar disgustos.
