Por más que algún bienintencionado quisiera ver en el mercado navideño de María Pita un derroche de originalidad, lo de vender cazuelas era difícil de justificar. Aunque se pudiesen usar para preparar la cena de Nochebuena. Que sepan los que huyeron despavoridos que pueden darle otra oportunidad. Pero no esperen un milagro.
