El público coruñés puede que no sea el más puntual, pero a entregado no hay quien le gane. Tanto se emociona, canta, salta, grita... y se queda sin fuerzas. En el último mes vamos a más de un desmayo por concierto en el Coliseum. La intensidad hay que compensarla con hidratación. Para no arriesgarse a perderse medio espectáculo.
