En una ciudad en la que, si bien es cierto que ha aumentado notablemente la movilidad sostenible, hay muchos que van en coche hasta a comprar el pan, que la media diaria de accidentes sea de dos es casi razonable. Pero solo casi. Porque la lluvia ya no es excusa y abunda la Zona 30. Lo que falla es el elemento humano. Para sorpresa de nadie.
