Hay madrugones que sientan bien. Porque levantarse temprano a sabiendas de que uno va a meter en la bolsa uno de esos manjares que nos regala el mar, es un lujo. Metafórico y a veces también literal. A mercados como la plaza de Lugo se fueron corriendo muchos coruñeses antes de que el precio de las centollas se nos vaya de las manos.
