Si el robo en el Louvre ya parecía en sí mismo el traslado a la realidad de un guion de película, cada nuevo detalle es una fantasía mayor. Como saber que la contraseña del sistema de seguridad era el propio nombre del museo. Al nivel de ‘1234’ como pin de la tarjeta de crédito. Aquí podemos estar tranquilos, no hay noticias de que en el Prado hayan corrido a cambiar ninguna clave.
