• Jueves, 20 de Septiembre de 2018

Teoría falsa sobre la belleza. Lino Lago

Después de sus anteriores muestras “Ceci n’est pas un pipe” y “ Mona Lisa con rhino”, Lino Lago (Redondela, 1973)

Después de sus anteriores muestras “Ceci n’est pas un pipe” y “ Mona Lisa con rhino”, Lino Lago (Redondela, 1973) vuelve a la galería Moretart con sus últimas creaciones “Pintura sobre pintura” y “Fake abstract”, que recoge bajo el epígrafe “Teoría falsa sobre la belleza”. Con ellas continúa en su línea de revisitar a los grandes pintores clásicos, a los que copia con extraordinario virtuosismo, para poner en cuestión todas las teorías estéticas, la retórica del oficio y lo que es buena o mala pintura. Al mismo tiempo ofrece una reflexión sobre los múltiples modos de ver, sobre las diversas formas de trompe l’oeil o engaño del ojo y sobre la oposición arte figurativo-arte abstracto. 
En “Pintura sobre pintura” interviene con planos lisos de color azul, rojo o rosa cuadros de Velázquez, de Gérard y de Ribera, lo que viene a ser como crear un muro o tapia que impide ver íntegra la obra; pero también sirve para desplazar el ojo hacia determinados detalles, poniéndolos en relevancia, como los pies desnudos en un cuadro de Gérard, media cabeza femenina que asoma en la esquina de un Tiziano o la mitad de un  velazqueño rostro que se esconde tras una cortina roja invitándonos a escudriñar. O incluso juega con las convenciones de género, como en “Montaña. Pintura azul sobre José Ribera”, donde un desnudo de hombre tumbado se convierte en paisaje, por obra y gracia del plano azul con que ha cubierto la parte superior  del cuadro, que oficia de cielo y horizonte, de manera que la parte visible de la figura deviene semejante a una  montaña antropomorfa o viceversa. 
En Fake abstract o Falso abstracto hace un guiño a las falsas noticias, tan de moda, que pretenden hacerse pasar por verdades, para, llevándolo al terreno de la pintura, señalar lo difícil que es dirimir entre apariencia y realidad. Así, de lejos, estos cuadros parecen planos de color liso atravesados por estrechas rendijas, pero al acercarse vemos que estos orificios permiten fisgonear escenas que están ocultas y que encierran nada menos que vistas parciales de pinturas de Ingres, de Caravaggio, de Stieler o de George Augustus Baker. 
Quiere mostrar de este modo que toda realidad tiene un lado escondido y nos  invita  a ir más allá de la apariencia, más allá de los convencionales  muros que levanta nuestra mente. A propósito de esto, se hace pertinente recordar aquella reflexión que José Ortega y Gasset hace en su obra  “El espectador”, citando a Leibniz: “...el horizonte de nuestra percepción no es el horizonte de la realidad”. Toda la obra de Lino Lago y especialmente la actual parece orientarse a desmontar las convenciones que oponen la pintura de los grandes maestros del pasado a la pintura moderna, especialmente aquella que prescindió totalmente de la representación, como el suprematismo o el neoplasticismo y el constructivismo. La belleza –esa esquiva señora– no puede ser apresada por ningún canon; no es clásica, ni romántica, ni impresionista o expresionista, sino un milagro del espíritu que sopla donde quiere.