jueves 22/10/20

LOS PAPELES INTERVENIDOS DE URZA

Tras un hiato de siete años, desde su última exposición  en 2008, en la  galería Artra de Betanzos, Urza( Madrid 1959) se presenta en la Casa de Cultura Salvador de Madariaga con una obra desnuda y ascética, realizada totalmente en papel y agrupada en nueve series que, a su vez, se dividen en Proyecto Experimental 2014 y Proyecto Experimental 2015. Sucede esto tras lo que él llama el “silencio urz”, un “no-hacer” que duró cuatro años que para él han sido como un despojamiento de lastre al final de “ un sueño -andadura de 30 años de desaprendizaje académico formal”. Urza estudió, del 80 al 85, en la Escuela Superior de Cerámica de Madrid, donde se graduó como Técnico Superior de Artes Pláticas y cerámica artística y luego frecuentó el grabado en el Ciec de Betanzos; obtuvo premios como el Ciudad de Móstoles, Halcón Veicar y Antonio Fraguas de la Diputación y su quehacer se ha caracterizado siempre por la pureza  y simplicidad de las formas que, en la actual muestra, lleva a su máxima expresión. Tan es así que se siente latir la delicadeza y desnudez del espíritu zen japonés y la mística del vacío de Oteiza, ambas afinidades confesadas por él y que, en clave musical sonarían como las Seis Suites para violonchelo de J. S. Bach; es decir, con la ligereza  de quien ha realizado la alquimia del dolor  dejando atrás todo lo que pesa y, aun mostrando sus heridas y sus fracturas, busca trascenderlo en belleza, pero no precisamente aquella que deslumbra, sino la que lleva a la contemplación. 
Toda esta obra es un diálogo mudo entre superficie y  profundidad, entre el blanco del papel y el fondo negro, entre las zonas de espacio que permanecen intactas y las zonas troceadas o fragmentadas; un modo eterno de diálogo entre la luz y las sombras, entre el sonido y el silencio, con sugerencias como las de abismo, abertura, desconocido, sobrecogimiento.... Así los puntos del espacio intervenidos hablan de paso y de límite, de lugares de asombro y de estancias secretas con claves de acceso. Urza traza ritmos de penetrabilidad, recorta fallas y anfractuosidades, raya grises caminos y calles negras, aunque a veces se produce la aparición de una nota de calor-color anaranjada o levemente amarilla. 
Todo es búsqueda, ansia de desocupar la materia –como diría Oteiza–, de atravesar las barreras de lo opaco para acceder al otro lado, a las otras dimensiones que se nos esconden. El papel, ligero, dúctil, simplemente recortado o superpuesto en capas, permite esas metáforas, ese símil de casa oculta o de  “agujero de gusano” ( en terminología cuántica) que hace pensar en realidades veladas, en universos invisibles, como los que se entrevén tras las ventanitas de la serie GG. Tránsitos a habitaciones resguardadas, tal vez cuevas de espeleólogo; fisuras, perforaciones, blancos de ausencia, de inocencia, de luz, negros de densidad, de escondrijo, grietas del espacio que lo son también del alma... son algunas de las muchas imágenes que ofrece esta obra.

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