• Domingo, 23 de Septiembre de 2018

Grabados de Jesús Núñez, en el CIEC

A sus noventa años y tras setenta de ininterrumpida creación, Jesús Núñez (Betanzos, 1927) expone en el Centro Internacional de la Estampa Contemporánea

 

A sus noventa años y tras setenta de ininterrumpida creación, Jesús Núñez (Betanzos, 1927) expone en el Centro Internacional de la Estampa Contemporánea, por él creado en 1997, una serie de grabados, realizados por el método que llama plantigrafía, con el que comenzó a experimentar a partir de fines de la década del 70. y en el que las matrices son planchas de cartón. 
Retoma en estas obras  su personal lenguaje en el que da predominio a los contrastes entre formas de inspiración  arquitectural y  las que remiten a fuerzas, figuraciones y  texturas de origen orgánico, de modo que geometría y naturaleza dialoguen. Como ya dijimos, a raíz de su exposición antológica en el Kiosko Alfonso en 2010, Jesús Núñez es un creador fértil en mundos inventados y en la consecución de medios que inventan mundos. 
Es precisamente esta capacidad de experimentación, de búsqueda de medios expresivos, sobre todo en el terreno del grabado en el que es un maestro indiscutible, la que sigue viva en esta muestra; de manera que lo que es habilidad y dominio técnico deviene portavoz de las muchas  y no pronunciables apariencias que habitan en su mundo interior y que se traducen en parábolas de gran plasticidad, sobre todo por el atinado uso de la oposición entre lo arquitectónico y lo orgánico, entre lo visual y lo táctil, entre el severo sentido de la composición y el azar. 
La antítesis se da, sobre todo, entre las formas escultóricas que se yerguen nítidamente en primer plano y los fondos  que llevan a las afueras donde “...todos los caminos conducen a desobedecer al pastor de líneas...” como dijo en su momento el poeta Juan Carlos Mestre. Las formas escultóricas, muy semejantes a las de sus esculturas en madera y acero del año 2007, se traducen en hieráticas presencias que pueden  recordar antiguos tótems o pueden verse como puentes, arcos, ventanas o puertas de libre factura  que dan acceso a las espaciosas tierras del fondo; es aquí donde se multiplican  sugerencias,  variadas configuraciones y grafismos que permiten imaginar  cálidos paisajes de atardeceres anaranjados o dorados o verdes y esmeraldinos campos transitados por nervaturas de surcos, por grietas de erosiones o por indescifrables y antiguas escrituras . También podemos ver espacios de azul celeste o evanescente malva y agrietadas geografías color magenta que se abren a lo  etéreo. 
Toda su obra es un continuo contrapunto entre espacio y forma, entre gravidez e ingravidez, entre ritmos rectos y curvos, entre abierto y cerrado, entre aquello que sólo  puede ser producto de la invención humana, y que como tal obedece a un abecedario simbólico, y lo que nace de  los  ritmos de la tierra y del cielo. A la vez homo faber y homo habilis, ese lado de artífice que siempre lo caracterizó, y que hizo de él pintor, diseñador  textil y de joyas, creador de tapices y escultor, pero sobre todo grabador, sigue excepcionalmente vivo en esta obra, en la que demuestra, pese a su pérdida de visión, su indeclinable entusiasmo y su juventud creadora.