Sánchez y Más, vidas paralelas

Opresidente o muerte. Artur Mas y Pedro Sánchez comparten ese destino paralelo. Ambos caminan por el filo de la navaja, haciendo equilibrios sobre el precipicio. Ambos dependen de los cálculos y están al albur de extremistas y ultraizquierda. Ambos, de no conseguir ser investidos, el uno en Cataluña, el otro en España, saben que ello sería su tumba política y por ello los dos se aferran a esa posibilidad sin importarles un comino lo que hayan de entregar y el precio, cualquiera que este sea, que tengan que pagar.
Ambos, también, resultan letales para su partido, Arturo ha “logrado” colocar de primero a cuarto a su partido y Pedro ha conseguido quedar el mismo cuarto en Madrid. Pero da, les da, igual. Si consiguen aliándose hasta con quien lo que desea es exterminarlos la presidencia todo lo demás queda en segundo plano. Porque para ellos es una cuestión vital, de pura o dura supervivencia. O la presidencia o la muerte. No hay más.
A Artur Mas la CUP, con quien ha perdido ya el último gramo de dignidad, le sometió el domingo a una nueva tortura, en este caso teñida de esperpento, ese empate a 1.515 votos que hace falta ser muy crédulo para creérselo, aunque es bien verdad que exacto o no los dos bandos estaban muy igualados. Que también los ultraizquierdistas habrían de andar con cuidado. Mas puede ser corrosivo no solo para su partido sino también para ellos, que la capacidad de este hombre de hacer añicos lo que toca es muy de preocupar.
A Pedro Sánchez es su partido el que le ofrece ya más que resistencia en lo que a muchos les parece una cabalgada hacia el suicidio. Las condiciones impuestas de inicio al pacto de Podemos, renuncia expresa a su pretensión del presunto “derecho a decidir” y del referéndum catalán, obligarían a Iglesias a una renuncia de principios que el quizás hasta pudiera “tragar”, pero el grupo parlamentario de los Colaus es ya más difícil que transigiera por ahí. Y por parte socialista Sánchez sí estaría dispuesto a que la cosa se obviara sin más, pero Susana Díaz y los barones con poder real no están por esa labor. Tampoco con consentir que Sánchez se blinde retrasando el congreso y blindándose como cartel electoral, porque piensan que un pacto tal les conduciría a la extinción a manos de Podemos de la que ahora se han librado por exiguos 350.000 votos. El precio de la presidencia de Sánchez, al igual que para el no lograrla, puede ser en este caso mortal para el PSOE. ¿Para España?. Eso, tristemente, parece no importar.