A Sánchez le da igual

El que los separatistas catalanes vayan desbocados hacia la secesión y a romper España no inmuta a Sánchez en sus planes monclovitas. El dirigente socialista supone ya que Podemos es asumible como compañero de viaje y que el derecho a decidir, o sea, el quitárnoslo a todos los demás, principio esencial del secesionismo, una y cien veces explicitado y declamado tanto por el núcleo central podemita como por sus aún más radicales aliados periféricos, es una línea roja que se borra con una gomita y que con una frasecita cogida por las hojas se da por arrancado el rábano entero. Sánchez quiere ser presidente y como puede serlo, le da igual todo lo demás. Para él eso es lo prioritario, le llama “cambio” y dice que entonces es cuando podría reglarse la cuestión catalana, con “diálogo”. El mantra ZP de las rendiciones.
Lo de menos es que tenga 90 diputados, que haya quedado, él en persona y en Madrid el cuarto, porque según él, y siguiendo la doctrina de Mas de corregir a las urnas, la fortaleza de un Ejecutivo “no se mide en escaños”, ni que tenga que entregar el partido y el alma del PSOE a quienes lo están engullendo. Le trae al fresco con quién y cómo alcanza su meta. ¿Con los podemitas del derecho de la autodeterminación que se lo van a comer por las patas? Encantado. Pero como ello no basta, pues los votos son exiguos, hay que recibir la aquiescencia, en forma de abstención interesada, de ERC y de Convergencia, o sea, de los separatistas que han declarado ya la ruptura de España, pues Sánchez lo acepta aunque pone mohines de “yo no quería”. Quienes sí lo quieren son los separatistas. Les viene de perlas tenerlo, entregadito para poder perpetrar sus designios. Porque a Sánchez le da igual, porque a Sánchez solo le importa ser presidente, aunque sea con los votos de quienes quieren desmembrar España reconociendo a regiones presuntos derechos de autodeterminación como si de colonias oprimidas se tratara y con quienes ya fuera de la ley y de la Constitución señalan hasta la fecha de la sedición. A Sánchez eso no le importa. Porque a Sánchez no le importa, en absoluto, España.
El lunes en la SER, tras otro de sus silencios hostiles, lo volvió a dejar claro, tras cubrirse con palabras huecas de apoyo huero que ya verán en que quedan cuando haya que pasar de las palabras a los hechos, y que remató con la acusación definitiva de que la culpa del separatismo y de que este haya llegado al 47% era “de Mariano Rajoy”, de quien si no iba a ser, hombre. “Por los recortes desde 2011 a 2015”. Y que él no iba a estar en un frente contra los independentistas, porque eso era muy malo. Ese es Sánchez. Pero ¿y el PSOE? ¿Se lo consentirá? Pues parecen tener días. Y a uno le gustaría creer que hay esperanzas, pero hechos pasados, aunque también muy recientes, advierten de que si hay poder por en medio no sería extraño que sin querer, quisieran y que el pacto con la izquierda extrema y con las bendiciones de los separatistas llevara a Sánchez a la Moncloa y a España a asomarse a sus peores pesadillas. Para ello hay que estar ya preparados. Pero ténganlo claro, por Sánchez, mañana mismo firmaba.