Jueves 15.11.2018

La fuente y la cloaca

La fuente es sagrada para el periodismo. El no revelarla, sea reconocido

La fuente es sagrada para el periodismo. El no revelarla, sea reconocido o no el derecho, está impreso en el código esencial de la profesión. Pero ¿qué sucede cuando la fuente mana de una cloaca?. Y no son pocas las veces que ese resulta ser el origen del manadero. Por estos lares hispanos, desde luego, tal parece el cada vez más frecuente origen de las vetas de “agua” informativa. Que resulta cada vez menos clara y por contra más pestilente.
A las pruebas me remito. Los delincuentes, en grado de presuntos o ya confesos, sueltan la lengua cuando las rejas les ablandan o les enfurecen o las dos cosas, para comenzar a salpicar a todos los que pueden con su porquería. Esta ha sido la moneda frecuente en nuestro pasado próximo y en nuestro presente con vista al futuro. Con ello cuenta además la Justicia, aunque sepa que no suele ser el arrepentimiento lo que mueve las confesiones interesadas sino más bien el cálculo para reducir penas propias a base de cargarlas sobre otros. Y con ello cuenta la información que considera que la verdad lo es, si es que lo es, la diga Agamenón, el porquero o hasta la gruña el propio cerdo.
Hasta ahí, quizás pueda haber un mínimo consenso. Pero hay un matiz que cada vez rechina más con la ética. ¿Se puede presentar la información como algo puro y sin tacha cuando viene viciada de intención, aderezada a conveniencia o hasta es parte de un chantaje? Porque eso está sucediendo. ¿No sería lo correcto exponer también los orígenes, los intereses y las intenciones? Es necesario porque no hacerlo significa ocultar una parte del relato e inducir al engaño.
Puestos a contar, habremos de contarlo todo pues de lo contrario nos podemos convertir es en voceros e instrumentos de los delincuentes alcanzado el grado de colaboradores de sus manejos. Me parece inexcusable el hacerlo y máxime cuando resulta una evidencia que lo que se persigue por el suministrador es efectuar un chantaje y quedar impune de sus delitos. Callar este aspecto no me parece que se compadezca con código deontológico sino que más bien lo conculca.

La fuente y la cloaca
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