• Martes, 13 de Noviembre de 2018

Y por razones de legalidad

Tras el desembarco en Valencia, el domingo pasado,

Tras el desembarco en Valencia, el domingo pasado, de los 629 migrantes del “Aquarius”, tanto en los circuitos mediáticos como en los políticos se han escuchado voces advirtiendo de que el remedio puede ser peor que la enfermedad. Mirando a Italia, analistas de distinto pelaje otorgan verosimilitud a la secuencia que relaciona xenofobia con exceso de generosidad en la acogida de estos seres humanos que vienen huyendo del hambre, la guerra y la represión.
Así que la xenofobia sería el daño colateral de gestos amables como el del Gobierno Sánchez. La secuencia es perturbadora: a más “buenismo” de un país, más afluencia a sus fronteras por el llamado ‘efecto llamada’ y, en conclusión, inevitable reacción social interna contra los venidos de tierras lejanas. Quienes manejan ese argumento citan como prueba de convicción a Italia, Alemania y Austria, países donde crecen los recelos ante el diferente, recién llegado del extranjero. Aquí la memoria histórica nos trae el mal recuerdo de un eje (Hitler, Mussolini y Dolfus), absolutamente tóxico en la Europa de los años treinta, que terminó como todo el mundo sabe.
Dejémoslo ahí, como referencia a la pedagogía de la historia, madre y maestra de un presente cimentado sobre un pasado tan concreto como el de nuestro Viejo Continente.
De momento lo peor que nos podría pasar es que las mafias que trafican con personas tomaran nota de que, para su abominable negocio, España da facilidades. Es el riesgo señalado por quienes acusan a Sánchez de que rescatar el “Aquarius” fue un gesto de telediario para mejorar su posición electoral, aunque en realidad está mejorando “la política xenófoba y racista del populismo que gobierna Italia desde hace unas semanas”, como el domingo escribía mi amigo Francisco Rosell, con muchas posibilidades de que el fenómeno se acabe contagiando España y también aquí acaben surgiendo partidos de corte ultra.
El riesgo existe. Pero el gesto solidario del Gobierno, por salvar las vidas de unos seres humanos, no solo es defendible desde el punto de vista ético. También desde el punto de vista jurídico, pues era de obligado cumplimiento. Por razones de Derecho Nacional e internacional. Podemos llamarlo “buenismo declarativo”, pero los principios y valores abrazados constitutivamente por la UE, de la que somos socios con pleno derecho desde el día 1 de enero de 1986, están normativizados, forman parte de las legislaciones nacionales en materia de derechos humanos y obligan a todos los países miembros. Eso permite afirmar que, al margen de su discutible rentabilidad política, el gesto del Gobierno Sánchez respecto a los 629 migrantes del “Aquarius”, responde a un principio de legalidad.