Miércoles 22.05.2019

El “selfie” de Sánchez

Befas, mofas y cuchufletas. Parte visible de la cosecha mediática recogida por “Manuel de Resistencia”, un “selfie” asistido del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en forma de libro. Se lo podía haber ahorrado de haber tenido un elemental sentido de la oportunidad y los ritmos del calendario.

Dicho sea porque estamos ante un político en activo. No ante un gobernante amortizado. No hay distancia sobre la obra porque es una obra inacabada. Por tanto, expuesta al derrumbe prematuro. Así las tesis del libro devienen en mercancía averiada, donde la intención de ajustar cuentas con sus adversarios –sobre todos los del propio partido–, prevalece sobre el rango de unas conclusiones inevitablemente marcadas por la provisionalidad.

Pero el amor propio tira más que dos carretas. Narcisismo puro y duro, dirán otros. Dicen los expertos: “El narcisista se caracteriza por mostrar una personalidad donde la importancia de los propios logros se exageran a ojos de los demás. Pero su autoestima suele ser bastante frágil y, por tanto, prefiere rodearse de gente que le va a halagar y reafirmar en la idea de su valía. Es decir, si eres persona sincera y directa es poco probable que formes parte de su círculo de amistades, pues siempre tenderá a interpretar la falta de reconocimiento como un ataque personal”.

En estas pocas líneas, tomadas de un manual de Psicología, queda todo dicho respecto a los comentarios suscitados tras la puesta en circulación del libro “Manual de resistencia”, escrito por Irene Lozano y firmado por Pedro Sánchez. También respecto a los contenidos mismos del mismo.

Sánchez necesitaba dejar de sentirse un intruso en la familia socialista. El sambenito le mortificaba. Le persiguió durante un tiempo. Hasta que se hizo carne en el famoso “comité federal de Puerto Hurraco” (se lo oí decir al entonces portavoz parlamentario del PSOE, Antonio Hernando), aquel 1 de octubre de 2016 en el que salió por la puerta de atrás poniendo fin a su primera época como secretario general.

Se redimió en las primarias de mayo de 2017, en las que barrió a Susana Díaz, madrina política de su salto a la fama tras la dimisión de Pérez Rubalcaba. Quién lo hubiera dicho ahora. Y se desquitó definitivamente con la conquista de la Moncloa, tras la moción de censura contra Rajoy en inesperada alianza con los enemigos declarados de la Constitución, el régimen del 78 y la Monarquía parlamentaria.

Esa es la trayectoria. Hasta hoy. Con un “continuará” que debía haberle disuadido de celebrar antes de tiempo el resultado del partido. O de poner al servicio de su marketing personal la figura del rey.

Lástima que haya perdido la oportunidad de escribir un manual de “coherencia” en lugar de un manual de “resistencia”.

El “selfie” de Sánchez
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