Arde París... otra vez
Veo los disturbios de Francia con angustia, en los que la disculpa es “en clase somos muchos y no hay medios en los colegios” mientras los de siempre se encargan de destrozar institutos, camiones de bomberos, bomberos, coches de señores que pasaban por allí, quemar mujeres, apalizar policías, asaltar tiendas y demás latrocinios y trangalladas a los que nos tienen acostumbrados. Y lo que nos queda por ver.
Los causantes de los disturbios son inmigrantes de tercera generación, los mismos que la montaron en la final de Saint-Denis. Jóvenes que viven en barrios no-go de la capital, esos lugares en los que impera la ley Sharia. Hace años leí un libro de una feminista (de las de entonces, las de ahora están encantadas con la Sharia y lloran si un policía apalea a un jovenzuelo con bandera argelina y cuchillo) en los que denunciaba las condiciones de vida de las mujeres en esos barrios. Las chicas jóvenes no podían salir sin un varón, sin un velo o eran apalizadas y violadas en grupo por nuestros amigos de las algaradas. Pero eso ahora no importa: la policía no puede entrar en esos barrios y pobre de ti si te confundes de camino en la ciudad de la Revolución, que puede que acabes malamente. Muy malamente.
En estos tiempos de acampadEs, de estoy en la tienda de campaña de Decathlon no me molestes antes de las diez que quiero dormir el porrito (esa es la nueva lucha obrera, canticos infantiles, María, odio al capitalismo pero mis padres tienen un fondo buitre, hay que expropiar a los millonarios-a mis padres no, que tienen conciencia de clase-el mundo se divide entre el que alquila un piso-millonario-y los pobres harapientos) no se puede hablar de lo que está pasando en París. Porque lo que está pasando en París pronto pasará aquí y las mujeres no podremos salir a la calle solas sin un trapo en la cabeza. Muy pronto mareas de jóvenes corriendo sin rumbo, destrozando y gritando consignas que te son ajenas mientras tú, obrero, miras con angustia cómo te queman el coche en nombre de la pura destrucción.
