¿Es Sánchez un demócrata?
Solo el tiene el botón rojo que activaría una convocatoria electoral, lo sabe, pero no lo hace. Vistió su investidura con aquello de la “aritmética parlamentaria” que le facilitó una investidura a base de renuncias, traiciones y “cambios de opinión”, pero aquella suma ya no existe y, por lo tanto, él se mantiene sin mayoría parlamentaria, sin mayoría social y sin legitimidad democrática. Tras el varapalo de ayer en el congreso de los diputados, él se refugia en una supuesta mayoría social que “okupa” las calles y hace mucho ruido, pero no es verdad, no hay ninguna mayoría en las calles, pero Sánchez dice escucharla. Sin embargo, no quiere escuchar el clamor que sí existe en la sociedad y que él mismo comprueba cada vez que pone un pie en la calle, pero esa voz de la calle no le interesa.
La situación es insostenible, la marca España está por los suelos y todos los medios del mundo nos retratan con imágenes de Ceuta y de la Puerta del Sol, es la imagen que proyecta la España de Sánchez y que ahuyenta a inversores de todo el mundo por la inseguridad jurídica que hoy reina en nuestro país. No contento con destrozar el prestigio internacional de nuestra nación, busca permanentemente el enfrentamiento entre españoles, mujeres contra hombres, pobres contra ricos, inquilinos contra caseros, todos contra todos para revolver un río en el que el pretende pescar. Sánchez ha renunciado a la autoridad que le corresponde como presidente del gobierno, no la ejerce y funciona en base al titular de cada día sin una hoja de ruta de país. En función de la pancarta o los gritos que se oyen en la calle, él va tomando decisiones que solo responden a su propia supervivencia haciendo gala de un cortoplacismo irresponsable que mantiene a todo un país en tensión permanente, una olla a presión que puede explotar en cualquier momento, le da igual. Le da igual todo con tal de continuar amarrado al sillón de Moncloa, es indolente, es un peligro porque es un lobo herido con reacciones imprevisibles, todo lo contrario de lo que exige un estado de derecho que, en manos de Sánchez, está torcido, desnaturalizado.
Ha colonizado todas las instituciones desde la Fiscalía General del Estado hasta el Tribunal Constitucional, pasando por los medios de comunicación públicos y todas las empresas participadas que controla el gobierno. España exige elecciones ya, el pueblo español tiene derecho a opinar sobre todo lo que está pasando y decidir si se sigue este camino o corregimos la dirección porque por donde vamos… ¡vamos al precipicio! La corrupción, los Ábalos, Cerdán, Leire, Koldo etc. etc. debían de ser motivos más que suficientes para consultar al pueblo, pero la invasión de Ceuta, la traición que supuso el abandono de nuestra frontera sur, los casos de su hermano y su mujer, la persecución contra el poder judicial, las joyas de Zapatero y todo un rosario de “desfeitas” que acompañan a Sánchez, tampoco le hacen poner las urnas para comportarse como un demócrata que, hoy por hoy, no representa el presidente.
En el peor de los casos habrá elecciones en julio del próximo año, si es que no encuentra disculpa para no convocarlas que es una posibilidad, para entonces no sabemos hasta dónde habrá caído la credibilidad de España, pero eso también le da igual. El invento del “sanchismo” que el presidente pretende constituir en un régimen político es la tumba de la democracia. El Rey, ninguneado como jefe del Estado, se ve limitado por un gobierno que lo trata como a un trapo, tampoco ayudan los silencios del monarca que, si bien no puede ni debe opinar de política, sí tiene la obligación de defender al Estado y no da la impresión de que lo haga. El legislativo prostituido en su naturaleza, el judicial intervenido desde el ejecutivo y el ejecutivo al servicio de los intereses personales de un personaje que pretendía pasar a la historia y que, sin duda, pasará, eso sí, como el peor presidente de nuestra democracia y no lo tenía fácil, superar a Zapatero en ese ranking no era sencillo. Afiliados y votantes del PSOE tienen su responsabilidad en este desastre, que lo piensen.
