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“A lingua é o que nos sustenta como pobo e debe ser sustentada por nós”, dijo Ramón Piñeiro. Por eso hay que celebrar el Pacto por la Lengua suscrito por el PP, el PSdeG-PSOE y Democracia Ourensana que recoge aportaciones de más de un centenar de expertos y contempla, entre otras medidas, mantener el reparto equilibrado del 50% entre las dos lenguas cooficiales y que los centros puedan decidir impartir las materias de ciencias en gallego.

Nuestro idioma tiene una presencia significativa en el sistema educativo. Sin embargo, pierde hablantes jóvenes y, más que culpar a la política lingüística, cabe pensar en el debilitamiento de la transmisión en el ámbito familiar y en el ecosistema digital. Los móviles abren una ventana al mundo de YouTube, a las redes sociales, buscadores, contenidos y ahora a la IA, ámbito en el que el gallego no está presente. Se aprende en las aulas, pero deja de hablarse en la familia, entre amigos, en la calle y no puede “competir” con el castellano en las redes.

Volviendo al pacto, es muy relevante que dos fuerzas políticas que han gobernado Galicia fueron capaces de acordar algo tan importante. En tiempos de crispación y de liderazgos desintegradores de los espacios de entendimiento, el reencuentro entre populares y socialistas tiene un valor que trasciende la cuestión lingüística. Es significativo también que el socialismo rompa amarras con el nacionalismo que, en materia lingüística aspira a la inmersión y al monolingüismo. Ni siquiera quiso participar en los trabajos previos.

Pero con pacto o sin él, políticos, enseñantes y teóricos deben dejar de a un lado sus disquisiciones que acaban mareando a los gallegos que saben que somos unos privilegiados por poder comunicarnos en dos idiomas y, por ello, somos más ricos que los pueblos monolingües. Si queremos conservar esa riqueza diferencial, debemos defender y cultivar las dos lenguas.

La pregunta es en qué proporción. En la necesaria para que podamos expresarnos y transmitir en ambas lenguas nuestra cultura en el sentido más amplio y genuino del término: nuestra forma de ser, pensar y actuar, nuestros conocimientos, emociones y actividades. Ramón Piñeiro lo expresó admirablemente: “A nosa lingua é a verdadeira clave para expresar os programas de vida, os proxectos e anhelos comúns”.

No sé si es políticamente correcto decirlo, pero lo digo: en esta Galicia diversa, plural y tolerante ninguna de las dos lenguas corre peligro hoy. Lo que sí peligra es la convivencia cuando una lengua se convierte en arma arrojadiza para combatir a quienes hablan la otra. Es difícil entender que algunos políticos quieran convertir en conflicto lo que los gallegos resolvemos cada día con absoluta naturalidad cuando nos entendemos hablando. En gallego y en castellano. Y esa armonía idiomática es nuestra mayor riqueza.