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La vanguardia artística del surrealismo es como una metáfora de lo que ocurre en Ceuta con una sucesión de hechos que presentan la realidad “deformada” y hacen irreconocible a esta ciudad, la más tolerante del mundo. 

Son muchas las situaciones que se escapan a la razón y, por tanto, están fuera de la realidad democrática. Por citar algunos ejemplos, surrealista fue el abandono y desprotección de la frontera de Ceuta, invadida por miles de inmigrantes. Surrealista es que los responsables políticos ni hagan autocrítica, ni sepan cuantos menores y adultos quedaron en la ciudad (la policía sospecha que entre ellos hay yihadistas, espías y grupos teledirigidos por Marruecos) que están creando una situación caótica que afecta a la seguridad, a la economía y a la vida de sus 80.000 habitantes.

Surrealista es que 4 militares patrullen la ciudad armados tan solo con una porra, que no pueden utilizar, y tengan que salir del coche por piernas ante la emboscada preparada por 30 invasores. Otra patrulla fue atacada la madrugada del sábado. Con estas armas, ¿cómo puede el ejército defender a Ceuta, a los ceutíes y autodefenderse? 

Surrealista fue que el ministro de Exteriores no llamara a consulta a la embajadora de Marruecos, sí llamó al de Italia, y que ahora encuentre culpables de la invasión en “la guerra cognitiva en las redes de Elon Musk, Rusia y la internacional reaccionaria”, en todos los rincones del planeta menos en Marruecos, y elogie la cooperación del reino Alauí, que desmienten los hechos y no cree el 90% de los españoles, según un sondeo de Sigma Dos para un periódico nacional. ¿Por qué el Gobierno se humilla y humilla a España ante una satrapía y no defiende a España de un atentado a su integridad territorial? 

Con todo, lo más surrealista es el “duelo” de los titulares de Defensa e Interior que ofrecen versiones contradictorias sobre si el CNI informó de la avalancha que se avecinaba y del papel que jugó Marruecos. Uno de los dos miente, aunque el portavoz Patxi López afirmó sin ruborizarse que “las dos cosas pueden ser verdad”, lo que representa la máxima expresión de surrealismo político. 

Dicho esto, también es surrealista que la ministra de Defensa no dimita por dignidad personal y profesional (si mintió debería ser cesada) después de que sus colegas los ministros comparecientes en el Congreso descalificaran su versión. ¿Qué poderosas razones la atan al cargo? 

Hay muchos más cuadros surrealistas en Ceuta. Quedan en la ciudad varios miles de invasores deambulando por las calles, hacinados en la playa o en los barrios, sin presente y sin que se atisbe una solución de futuro para ellos. Y quedan 80.000 ceutíes a los que se les ha robado el patrimonio de su normalidad y se sienten solos, desamparados y están hartos. Es el caldo de cultivo propicio para un estallido social.