El pequeño Río se hace realidad
Ocurrió en el Hotel Nacional La Habana, allá por 2012. Era nuestra primera noche en Cuba. Bajamos en el ascensor ‘vintage’, que apestaba a gasolina y que, un par de veces al día, dejaba a algún cliente atrapado porque se acababa el combustible y nadie estaba pendiente de reponerlo. Fuimos a dejar las llaves de la habitación en recepción, cuando una de las atentas mujeres que la atendía nos preguntó por lo que portábamos en la mano. Eran un jersey y una chaqueta.
–No hacen falta.
–Nunca se sabe.
–Aquí sí.
–Los llevaremos por si acaso.
–¿No serán ustedes de un sitio llamado Coruña?
La pregunta nos causó una carcajada.
–Lo digo porque aquí los únicos turistas que salen de noche con algo de abrigo son los del sitio llamado Coruña.
Le confirmamos que éramos del “sitio llamado Coruña” y le hicimos caso. Volvimos a la habitación a dejar la chaqueta y el jersey. Bajamos, esnifamos un poco más de gasolina y tomamos un taxi para adentrarnos en la cálida noche del Vedado. Por cierto el conductor, algo indiscreto, nos contó algún detalle de las reiteradas andanzas por la ciudad de cierto alcalde del área metropolitana coruñesa de aquellos tiempos (no, no era Gelo). Cuando quisimos saber más detalles, respondió con el clásico “lo que pasa en La Habana se queda en La Habana”.
Pero volvamos a aquella noche. A la vuelta, seguía en el hotel la misma recepcionista, que, sabiéndose victoriosa, preguntó si no habíamos echado de menos el jersey y la chaqueta. “La verdad es que no”, respondimos. Y le explicamos el concepto del “eterno entretiempo”, acuñado por nuestro amigo Santiago Valenzuela, Premio Nacional del Cómic y veraneante en la urbe herculina desde los años 90, para catalogar el verano coruñés. Sus estíos, con base en Vigo, suelen ser muy viajeros y habla de A Coruña como “el único lugar de España donde hay brisa en agosto”. Todo esto ha cambiado. Hoy cuenta el periodista Dani Sánchez en El Ideal Gallego que en Marineda estamos teniendo “noches tropicales” por primera vez en la historia a estas alturas del año, según los datos de la muy eficiente delegación gallega de la Aemet. O sea, que nos parecemos cada vez más al “pequeño Río” con el que Lendoiro ‘engañó’ a Bebeto (y a Denise) para cambiar para siempre la historia del Deportivo. O a La Habana de aquella noche de 2012.
Aún estamos en julio y, pese a la realidad tropical, sigo temiendo que se levante la brisa de noche. Así que por ahora seré prudente. Pero tengo decidido que algún día de agosto me aventuraré a salir sin jersey una noche.
