Bye Bye Bye Dalilah
Yo era muy niña cuando mi madre pasó de cantar “Esta mañana muy tempranico, salí del pueblo, con el hatico, y comoentonceslauroraveniiiiayolarecibía, etc”, a Tom Jones, a Dalilah, a Green Green Grash of home y a muchas más. De La Rosa del Azafrán al Tigre de Gales. Ahí es nada. A mi padre no le hizo mucha gracia, que era un valenciano de naturaleza celosa, pero mi santa madre era cantarina como una servidora, y lo de Tom Jones pues le daba la vida. A mi madre el momento celta de Lugo (no de Vigo) por supuesto le llamaba como a rubia de ojos azules un noruego remando por su equipo aunque pierda. Como vivió en Londres no descarto que en uno de los cajones galeses de Tom Jones ande un sujetador corsetero de mi santa lanzado en un momento de gran excitación. Igual por eso a mi padre Tom Jones no le hacía demasiada gracia, pero respetaba su voz, es que no hay mas remedio aún ahora, con ochenta y seis años, que no es moco de pavo.
En casa siempre hemos sido de Tom Jones. Antes de que saliese en esos programas de concurso vocal para criaturas en los que él intenta no cantar para que la gente no se retire. Porque cuando canta lo único que quieres es huir antes de que esa voz te pulverice, como en Mars Attack. Si no recuerdan esa película fantástica de Tim Burton en la que los marcianos invadían el planeta e intentaban destruir todo, en Las Vegas solo pudieron rendirse ante el carisma, la voz y el Tomjonesismo de este pavo que no tiene límites ni edad aunque le fastidie la cadera, como a buen norteño de humedades y reumatismos varios. Tom Jones cantó apoyadito en una silla para no rendirse, la cosa fue que duró más de hora y media y tan pancho y tan tranquilo con una voz que cada vez estaba más alta y baja, más tenor y más barítono, más galesa y más tremenda, más crooner y más tomjones que de repente te das cuenta de que no has traído ni sujetadores ni bragas para lanzarle al Tigre desde la parte más alta del Coliseum y eso no puede ser.
Mientras cantaba el Tigre de Gales, la selección española ganaba a Austria y (perdón, Tom Jones, por estar un poco atentos al partido y por no llevar bragas y sostenes para tirar en pleno éxtasis) en la zona alta del concierto estábamos pendientes del resultado del fútbol. Tremenda noche, la selección gana y Tom Jones hace su segunda visita a La Coruña. La anterior fue en el Palacio de los Deportes, así que a bote pronto yo tendría siete años e igual estaba viviendo en la granja de vacas de la Biona, a saber. El caso es que Tom Jones cantó Dalilah.
Dalilah. La que le cortó los rizos a Sansón. La que le puso los cuernos y encima se descojonó.
No solo la cantó sin ningún tipo de cortapisa sino que le dio unos toques de flamenco-El Zorro-Carmen maravilloso. Una de las canciones machistas que las feministas podían haber intentado ¿nerfear? Pues ni se han enterado.
Tom Jones cantó el asesinato más Oteliano en el Coliseo con esa voz que proclama: Ella se rio de mí. Sentí el cuchillo en mi mano y vamos a dejarlo, que luego me quedo sin columna.
