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Para el deportivismo, el domingo 24 fue un día largo, de calma tensa y emoción contenida hasta que el resultado final desató la pasión de los aficionados que, en Zorrilla y en A Coruña, revivieron aquellas tardes de grandes triunfos después de que, en palabras del alcalde Tierno, once diestros y aventajados atletas, bien dirigidos, compitieran con ardor y ganaran el partido.

Ahora, A Coruña y aficionados de otras localidades gallegas siguen festejando el regreso del Dépor a Primera División. Socios, seguidores y toda la ciudad conforman una afición de fidelidad contrastada, tanto en las adversidades como en las grandes alegrías deportivas que siguen vivas en la memoria colectiva.

Nunca institución o persona alguna hizo tanto como el Dépor para dar a conocer A Coruña en el mundo; nadie llevó su nombre con tanta dignidad y orgullo; nadie contribuyó tanto a elevar la autoestima de los coruñeses. El Dépor dinamizó la economía de la ciudad, aportó toneladas de alegría y alimentó durante años una ilusión colectiva difícil de igualar.

En este mayo florido, el Dépor está de vuelta. La solvencia económica se le supone y, por tanto, regresa con posibilidades de confeccionar un equipo competitivo –eso pide el mítico Mauro Silva– para ofrecer de nuevo triunfos sonados y tardes de gloria que contribuyan a levantar el ánimo de una ciudad que no está sobrada de estímulos.

Con el ascenso vuelven también los encuentros entre Dépor y Celta, “o noso derby”, que, seguro, se desarrollarán bajo el fair play de aficiones históricas. Como ocurría hace años, cuando el fútbol tenía más de divertimento dominical que de pasión interesada. Los viejos aficionados recordarán la pancarta que una peña deportivista desplegó en Balaídos: “La Coruña, capital de provincia, saluda al pueblo de Vigo, provincia de Pontevedra” que tuvo respuesta en el partido de vuelta en Riazor, cuando una peña celtista mostró otra que decía: “El Puerto de Vigo saluda al embarcadero de La Coruña”. Con esta fina ironía vivían entonces la rivalidad deportiva dos aficiones con solera.

La celebración quedaría incompleta sin el recuerdo a Arsenio y Lendoiro, los padres del Dépor de la era moderna. Con Arsenio, el equipo deslumbró en los terrenos de juego hasta conquistar un lugar privilegiado en la élite del fútbol. Lendoiro llegó a la presidencia “reclamado” por los socios en 1988, salvó de la desaparición a un club a la deriva y después confeccionó un equipo de ensueño que brilló en España y Europa. Sin ellos, que seguro están presentes en la memoria del deportivismo, no se entendería la historia del Dépor.

Circula por la red una imagen de la Torre de Hércules, icono de A Coruña, envuelta en la bandera del Dépor con aficionados al fondo y esta leyenda: “Unha cidade, un sentimento”. Tres realidades entrañablemente unidas, casi metafísicamente identificadas.