Con quién estamos los españoles
Es muy difícil seguir los pasos de Pedro Sánchez para entender su hoja de ruta. Sus constantes cambios de opinión de 180 grados despistan al más avispado sherpa. El presidente puede decir una cosa y su contraria en cuestión de segundos y la banda que le acompaña en el consejo de ministros aplauden con pasión las dos versiones sin sonrojarse. Un gobierno incapaz de aprobar un solo presupuesto, qué digo aprobar, ni tan siquiera presentarlo en las Cortes Generales, es un gobierno inútil y en cualquier país democrático sería razón más que suficiente para disolver las cámaras y convocar elecciones, siguiendo, por cierto, el criterio del propio Sánchez cuando era oposición. Sánchez copia a Fraga Iribarne en su campaña “Spain is diferent”, si bien la de Fraga se refería al turismo y Sánchez a mantenerse en el poder cueste lo que cueste.
Estamos en récord de recaudación fiscal y también en deuda pública y cabe preguntarse en dónde se mete nuestro dinero porque en viviendas públicas no, en mantenimiento de las redes ferroviarias tampoco y en el control de nuestras fronteras mucho menos. Esto en política interior porque en política exterior la cosa está más clara. España está con Lula en Brasil, con Cristina, la presa, en Argentina, con los castristas en Cuba, con el chavismo en Venezuela, con los Ayatolas en Irán, con Hamas en Palestina y con ETA en España. El gobierno más “feminista” de la historia, según Ábalos y tito Berni, entre otros figuras, da la espalda a las mujeres iraníes a las que matan por no llevar un velo o se les impide estudiar, cuando no se las lapida por infieles. A los homosexuales los cuelgan en grúas por aquellos lares mientras aquí celebran el día del orgullo mirando para otro lado y gritando “viva la diversidad”. Parece ser que el feminismo y los LGTB sí tienen fronteras, solo importan los de aquí que, por cierto, portan banderas y camisetas del Che que los eliminaba uno a uno, un despropósito basado en una ignorancia supina alimentada desde el poder.
Y frente a esto, generamos enemistad con EEUU y con nuestros socios europeos en la OTAN al negarnos a pagar lo que ellos sí pagan. Dios quiera que no necesitemos ayuda en defensa para nuestro país porque si esperamos por Lula, por Cristina, por Díaz Canel, por Delsy o por los Ayatolas vamos servidos.
La operación de Sánchez solo atiende a sus intereses personales y electorales y en su desesperación entona ahora el “no a la guerra” para intentar comerse los votos de la extrema izquierda que de la mano de Podemos y Sumar, ya talla el texto de su lápida. Pero no debemos olvidar que la política exterior fue, hasta Sánchez, una política de estado en el que las decisiones eran consensuadas y apoyadas por una mayoría cualificada, ahora no, Sánchez toma decisiones por su cuenta y como un auténtico autócrata impone su criterio sin valorar las consecuencias para todos nosotros hoy y en el futuro. Él ve una ventana de oportunidad en el lío en el que nos ha metido y ya les digo que falta un telediario para que anuncie un “escudo social” en nombre del cual repartirá ayuditas y pagas a los empobrecidos ciudadanos para intentar comprar voluntades de cara a las próximas elecciones.
Sánchez es un peligro público porque en su carrera a la desesperada puede hacer cualquier cosa, no en vano el BOE está en sus manos y el poder de Moncloa es enorme y el presidente se salta los controles parlamentarios a la luz de su afirmación “se puede gobernar sin el legislativo” y es bien cierto que lo hace. Sánchez ha puesto a España en el lado equivocado de la historia.
