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Llueve sobre mojado con nefastas consecuencias

Cuando me vine a estudiar a Santiago de Compostela la carrera de Medicina, hace casi 60 años, la lluvia, además de un arte para los que contaban y escribían las lindezas que ocurrían en Compostela, era un constante mojarse y empaparse todos los días del año con mayor o menor intensidad. Recuerdo que llegué a la ciudad del Apóstol el 12 de octubre de 1967 y me marché a primeros de julio y, si la memoria no me falla, llovió el 80 por ciento de los días. 

Escribo este artículo en la tarde del miércoles día 11 cuando las lluvias torrenciales atlánticas persistentes son consecuencia de sucesivas borrascas que van superando con sus nombres las letras del abecedario. Esta situación ha llevado a batir récords de precipitaciones que han provocado graves incidencias: inundaciones y crecida de ríos, afectación de viviendas y zonas urbanas, daños en infraestructuras y cortes de tráfico, temporal marítimo intenso, saturación del terreno y avisos continuos por el riesgo de desprendimientos y nuevas inundaciones. Se trata de un relato periodístico que nos ha tenido en vilo por lo que ocurría en Galicia y en numerosos lugares de nuestro país.

Es el momento en el que los responsables políticos tienen que adoptar decisiones para que se puedan ir alcanzando soluciones a los tremendos efectos tan demoledores, y devastadores, generados por las intensas lluvias que están destrozando nuestro ecosistema, sobre todo en esos lugares donde existen viviendas asentadas en zonas muy peligrosas, y que pueden seguir dándonos tremendos quebraderos de cabeza porque estamos hablando de miles de personas afectadas.

Que llueve sobre mojado no es decir nada nuevo. De cara al futuro más inmediato se deben adoptar medidas serias en aquellas zonas en las que los ríos están cercanos o que las poblaciones se han ido instalando en las cuencas, y antiguos torrentes, por las que cursaban su rumbo habitual las aguas procedentes, fundamentalmente, de las zonas altas de las localidades. Unas zonas tremendamente peligrosas en las que sus moradores sufren las consecuencias de reiteradas inundaciones que anegan sus moradas y destrozan sus enseres.

Los cambios climáticos nos tienen que hacer reflexionar. Los profesionales –sobre todo los geólogos– tienen que llevar a cabo estudios en profundidad para que se sepa con claridad lo que puede pasar con las zonas donde la tierra no está compactada y priman los acuíferos. El agua llega a desbordar y la tierra es incapaz de absorberla. Lo que en los términos técnicos se conoce como que no puede beber más agua de la que se sitúa en sus extensas superficies.

En las próximas semanas seguiremos soportando lluvias intensas y fuertes vientos, todo esto en tierra firme, porque en la costa las olas podrán alcanzar más de nueve metros. Todo ello hace que los usuarios del transporte aéreo, ferroviario o circulatorio, sigamos mirando el tiempo a todos los niveles para ver si podemos viajar. Lo del tren se ha complicado mucho pese a que la gran mayoría de las vías en Galicia son más modernas que las que llevan a los pasajeros a tierras andaluzas o catalanas.

Cada vez que veía imágenes en televisión sobre presas desbordadas y con sus compuertas abiertas, y las que se publicaban en las redes sociales, en mi cabeza comenzaba a sonar el cuarto movimiento de la Sinfonía del Nuevo Mundo de Antonín Dvořák, que era la sintonía con la que se ponía en marcha el programa ‘Ustedes son formidables’, de la Cadena SER, conducido y presentado por el periodista barcelonés y residente en París Alberto Oliveras. Se trataba de un espacio de ayuda social con el fin de recaudar fondos y hacer frente a siniestros muy graves y a catástrofes ocurridas en España en unos años realmente duros para la mayoría de la población. En mis recuerdos volvía a aflorar con total intensidad un suceso puntual y de grandes consecuencias como fue la rotura de la presa de un pantano que inundó Ribadelago, el pequeño pueblo de Zamora junto al lago de Sanabria donde murieron 144 vecinos. Aquello ocurría el 9 de enero de 1959, y según las crónicas de la época, debido a una mala construcción, materiales deficientes y graves negligencias estructurales. O las tremendas inundaciones de Sevilla por el desbordamiento del arroyo Tamarguillo, que dejó a miles de personas sin hogar. Aquel programa radiofónico que se emitía cuando entraba la noche, era seguido por miles de oyentes a través de la única emisora comercial en cadena que con sus aportaciones hacían posible poder ayudar a los damnificados.

Insisto, llueve sobre mojado y las tremendas consecuencias están a la vista. Estos fenómenos meteorológicos cada vez son más frecuentes. La experiencia nos hace insistir en que se deben de adoptar medidas contundentes para, dentro de las máximas posibilidades, salvaguardar a la población