El trato, la trata y el retrato
Utilizar seres humanos con fines partidistas es un acto sectario asimilable a la «trata». Se debe legalizar a los inmigrantes, pero con criterios objetivos, no en masa y sin garantizarles un futuro digno: trabajo, escuela, sanidad… Esa reflexión publicada en las redes causó estupor, acusándome de asimilar derecho con trata, sin reparar en mis argumentos.
Hoy sigo manteniendo esa opinión que, por desgracia, se ha visto confirmada en el proceder de sus impulsores, Podemos y Sánchez.
Les preguntaría: ¿Si es un derecho, como lo es, por qué no los han legalizado de manera ordenada? ¿Por qué esperar a que se produzca una bolsa de 500.000 personas? ¿Por qué utilizarlos como ariete contra la extrema derecha?
Son los derechos humanos y no las oportunidades e intereses de partido quienes no admiten demora.
Abundando en la idea, pregunto: ¿A qué viene pactar con vascos y catalanes la posible transferencia de esas competencias? ¿Acaso en esos territorios la legalización no es un derecho? Y si no lo es, ¿qué es?
Y como horrible colofón de esta perfidia, las declaraciones de las dirigentes de Podemos, hablando con toda claridad de utilizarlos para repoblar España en detrimento de los “fachas”. ¿No es esa una indolente utilización política? Y tal decisión, ¿no se asemeja a la «trata»?
No son «animales» en estampida, ni instrumentos de ortopedias sociales.
Invocar el derecho como única justificación no es un gesto de humanidad, sino de desprecio.
