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Memoria de Menéndez Pidal

24/01/2026

Con profundo asombro no exento de disgusto, leo en ‘El Ideal Gallego’ del pasado día 22 que en un centro educativo coruñés se plantea suprimir su denominación oficial, dedicada al insigne intelectual español Don Ramón Menéndez Pidal.

Se aduce como motivo del repudio de su actual nombre la intención de dedicar el centro a la memoria de Isabel Zendal, la ejemplar y la heroica enfermera que acompañó a los niños del hospicio coruñés que integraron la expedición Balmis, para la erradicación de la viruela en el mundo.

Sin duda alguna, Isabel Zendal es merecedora de todo tipo de homenajes y reconocimientos como los primeros que recibió siendo yo Alcalde de La Coruña, como fue el primer monumento erigido en su honor, que inauguré en el Parrote, o las primeras exposiciones y ciclos de conferencias que en su memoria promovió la Domus, museo cuya plaza vecina dedicamos a Balmis, Isabel y los 19 niños vacuníferos, cuyos nombres figuran en la balconada del recinto.

Pero lo que resulta del todo improcedente es que el reconocimiento a Isabel Zendal se haga a costa de que su figura incuestionable sirva como coartada para la ignominiosa humillación y oprobio intelectual histórica y personal que implicaría el renegar de la titularidad nominal del centro, paradójicamente académico, de una figura como Don Ramón Menéndez Pidal.

Sorprende que una propuesta de este calado surja del claustro de profesores de una institución educativa, reprobando a una de las figuras intelectuales más importantes, más respetadas y más reconocidas de la cultura española y de la cultura en español de todo el siglo XX.

Gran maestro del hispanismo cultural, estudioso del romancero y del origen de nuestra lengua española, Ramón Menéndez Pidal fue el impulsor y director de la ‘Historia de España’, una magna obra en 68 volúmenes, iniciada en 1935 y terminada en 2007, considerada la cumbre de la historiografía española.

Ramón Menéndez Pidal, en su despacho del Centro de Estudios Históricos (CEH), 1920
Ramón Menéndez Pidal, en su despacho del Centro de Estudios Históricos (CEH), 1920
Instituto Cervantes

Sus estudios filológicos sobre la lengua vasca y la gallega le llevaron a ser elegido miembro de la Real Academia de la Lengua Vasca y de la Real Academia Gallega.

Permítanseme dos breves apuntes de su interminable biografía. Casado con María Goyri, la segunda mujer licenciada en Filología y Letras, el matrimonio estuvo siempre muy vinculado a la Institución Libre de Enseñanza, siendo incluso su hija Jimena una de las fundadoras en 1940 del Colegio Estudio, que mantuvo durante el franquismo el modelo pedagógico de la desaparecida Institución Libre de Enseñanza, de ideario krausista.

Es conocida su actitud como director de la Real Academia Española de mantener a los académicos exiliados por la guerra civil su condición de titulares, a pesar de las presiones del Régimen, que quería dejar vacantes sus sillones. Esta valiente decisión permitió al coruñés Salvador de Madariaga leer su discurso de ingreso en la RAE al retorno, en 1976, de su largo exilio.

Es poco conocido que, en noviembre de 1956, encabezó con su firma un manifiesto de intelectuales españoles pidiendo clemencia para los estudiantes detenidos en los disturbios de 1956, así como la reconciliación nacional, veinte años del inicio de la guerra civil. Entre los firmantes se encontraban Azorín, Marañón, Cela y Dámaso Alonso, y entre los estudiantes detenidos figuraban Ramón Tamames, Ruiz Gallardón padre y mi querido y recordado amigo Enrique Múgica.

En este presente de memoria cainista, no quisiera pensar, y no pienso, que una supuesta sustitución de nombres pudiera encubrir el taimado propósito de excluir al que no es propio, como cotidianamente sucede en muchos casos. Estoy seguro de que este no es el caso, pero si en alguien hubiera esta tentación, permítase para terminar el subrayar que Don Ramón Menéndez Pidal, pura gloria de esta ciudad, es coruñés, nacido en la plaza de la Colegiata, tal como recuerda la placa existente en la casa donde nació.

Francisco Vázquez fue Alcalde de La Coruña y Embajador de España ante la Santa Sede