Y lo sabes
Hay quien dice (y puede que incluso se lo crea) que, en las últimas semanas, el feminismo occidental guarda silencio mientras, en Irán, las mujeres se juegan la vida por reclamar sus derechos.
Todos hemos visto las imágenes de mujeres quemando su hiyab en mitad de la calle o encendiendo cigarrillos con la foto en llamas de Alí Jamenei. Pero esa protesta no es nueva. Llevan haciéndolo desde 2022. Desde que Mahsa Amini, una joven kurda de 22 años, murió tras ser detenida por la policía de la moral por llevar “mal puesto” el velo. Desde entonces, las mujeres iraníes no han dejado de liderar y protagonizar acciones simbólicas contra la ley de vestimenta obligatoria. Acciones que no son anecdóticas ni estéticas: son una impugnación directa del control teocrático sobre los cuerpos. Sobre sus cuerpos.
La respuesta del régimen ha sido siempre la misma: represión brutal. Disparos, detenciones, torturas… y cortes de internet, claro. Para que no miremos. Para que no sepamos.
Las calles de Teherán arden. Y hay quien reduce ese incendio a un argumento arrojadizo contra el feminismo patrio. Hablan de feminismo de salón. De luchas pequeñas frente a tragedias grandes. Dicen que solo nos preocupa pintarnos el pelo de azul, como si fuéramos las protas punkies de una canción de Aerolineas Federales.
Con el mismo argumento simplista se podría acusar también a los poetas de no abrazar la causa o a los sastres de ignorar las protestas.
Es cierto que el feminismo es un movimiento amplio, diverso y no monolítico. Y que, al igual que en cualquier causa grande, habrá quien se comprometa de corazón, quien lo haga por la foto (o el puesto) y quien prefiera guardar silencio. Pero usar las hogueras de Irán para prenderle fuego al feminismo occidental es pura indecencia.
Porque la verdad es que el feminismo global sí ha estado y está al lado de las iraníes desde el principio. Lleva años gritando “Mujer, Vida, Libertad”. Y lo aplica a Irán y a otras muchas partes del mundo.
Por ejemplo, señala los abusos en Arabia Saudí, donde Salma al Shehab fue condenada a 27 años de cárcel por tuitear sobre los derechos de las mujeres. O la cruel prohibición de abortos en distintas latitudes del planeta. Y la reducción a la nada de las mujeres afganas.
Se alza la voz ante la violencia sexual en guerras contemporáneas, como la de Sudán, con violaciones masivas denunciadas por Médicos Sin Fronteras.
El feminismo denuncia hasta cosas de nuestro propio mundo, como los techos de cristal, la corresponsabilidad fantasma, la carga mental y los recortes de derechos en nuestras propias casas.
Y protesta contra la pervivencia de estereotipos machistas en nuestra cultura. Contra su blanqueo. Contra su conversión en chascarrillo. Contra su traslado a inocentes memes con la jeta de Julio Iglesias, que no puede estar más de actualidad. Contra su envoltura en el papel de celofán, que los disfraza de chistes, aunque el caramelo sepa a la hiel de la agresión sexual que destroza vidas.
Esto no va de mujeres contra mujeres sino de todos contra los verdugos. No estamos en un combate tribal ni en un reality show de solidaridad. El enemigo común es el patriarcado y los regímenes represivos. Las mujeres iraníes tienen todo el apoyo del feminismo occidental. Lo están dando todo. Y no se merecen que nadie las use como escudo para desacreditar a las de aquí.
Por favor, que se piense bien. La lucha es una y es de mujeres y de hombres conscientes contra las dictaduras del machismo. No es una guerra para demostrar quién es más feminista de verdad. Las que se hayan arrimado sin sentirlo, ya caerán por su propio peso, sin necesidad de arrastrar a todo un movimiento en la caída. Porque haciendo eso, nos hacemos todas daño.
La lucha por la igualdad debe estar en cada esquina del mundo donde se menosprecia, se persigue, se calla y se golpea a las mujeres. Sin matices. Y punto. Así que no juegues sucio. Porque, como diría el denostado personaje del meme –que también habrá que ver cómo evoluciona lo suyo–, “y lo sabes”.
