Vox y los pimientos de Padrón
Conocen ustedes sobradamente el dicho sobre el sabroso vegetal:” unos pican e otros… ¡non!”. Viene a cuento porque hace ya mucho tiempo que vengo observando la estigmatización que, fundamentalmente la izquierda, aplica sobre este partido y sobre sus votantes de manera inmisericorde y sin anestesia. Se trata de crear una imagen que genere rechazo hasta el punto de que el demonio parecería una buena persona en comparación con la formación que lidera Santiago Abascal. Extrema derecha, racistas, homófobos, violentos, intolerantes y un largo etc. sobre el que quiero profundizar. Es verdad que los postulados de Vox son firmes y sus principios innegociables, lo cierto es que no lo ocultan, al contrario, presumen de ello y por eso los millones de españoles que los votan saben lo que votan, sin matices, sin engaños. En cuanto al racismo es curioso porque el único partido cuya secretaría general la ocupa un hombre de color es precisamente Vox. Sorpresa se llevarán aquellos que se enteren de que en Vox militan personas “gays” y tampoco lo ocultan. En cuanto a la violencia ahí está la hemeroteca, sus carpas son atacadas y sus militantes agredidos por personas de extrema izquierda casi a diario. La intolerancia hay que demostrarla, lo cierto es que su política migratoria es la que es y la conocemos todos, podrás o no estar de acuerdo, pero ellos defienden la inmigración legal y ordenada, lo cual, a simple vista, tampoco parece un disparate. Así pues, ¿a qué se debe esta estigmatización que propugna la izquierda? La respuesta es evidente. Se trata de evitar que se puedan conformar mayorías alternativas a los gobiernos de izquierdas, la propuesta “progre” consiste en que si el PP no obtiene mayorías absolutas no pueda acordar nada con Vox y deba dejar los gobiernos en manos de la izquierda, conformando estas mayorías Frankenstein cuyos resultados ya conocemos los españoles. La gente que vota libremente y decide coger la papeleta tiene que tener el mismo respeto que aquel que elige otras opciones, tiene la misma legitimidad e idéntico derecho para votar por quien quiera. Es necesario recordar que Vox no es ya un partido marginal, es la tercera fuerza a nivel nacional y, según las encuestas, subiendo. Así pues. ¿a que viene la comparación con nuestros pimientos padroneses? Pues que, según la izquierda, “unos votos son legítimos y otros ¡non!” El partido socialista ha pactado con Bildu, un partido pro etarra que recoge en sus listas a terroristas que fueron condenados por sus execrables acciones asesinas pero la izquierda los tilda de partido legítimo y llaman a Otegui “hombre de paz”. La desvergüenza llega a extremos insoportables cuando la portavoz parlamentaria de esta formación pro etarra, se queja de que en las universidades hay personas con la cara cubierta que deben ser expulsados de la sociedad. ¡Y lo dicen ellos! Los encapuchados que mataban por la espalda a ciudadanos y servidores públicos son los que llenan las listas de Bildu. Los separatistas catalanes que atacan a nuestra constitución cada día son también legítimos para el gobierno socialista y pactaron con Puigdemont, fugado todavía a día de hoy de la justicia española, en el extranjero para que desde allí participara en la gobernabilidad del estado. El problema es que una parte del centro derecha español ha comprado parte de este discurso de la izquierda y echa leña al fuego para atizar el miedo a Vox, miedo que cada vez se diluye más porque lo que de verdad da miedo, es un gobierno como el que ocupa la Moncloa actualmente. Todo parece indicar que Víctor Hugo tenía razón cuando dejó escrito aquello de “no hay nada más poderoso que una idea a la que ha llegado su tiempo”. Quizá, a pesar de la izquierda o gracias a ella, a Vox le ha llegado su momento.
