La derechización de los jóvenes
Los sondeos de opinión recogen el desplazamiento de una parte de la juventud hacia la derecha, incluso hacia la derecha extrema, lo que sorprende a muchos dirigentes políticos y analistas que no quieren ver la realidad de la situación material de gran parte de la población joven para entender su desafección y malestar.
Los jóvenes viven atrapados en una precariedad que condiciona sus vidas. Los contratos temporales, los salarios que apenas permiten llegar a fin de mes y dificultan cualquier proyecto, el acceso a la vivienda que se ha convertido en un privilegio –compartir piso implica renunciar a la intimidad–, emanciparse es imposible para muchos y seguir viviendo con los padres, más que una elección, es su única salida… Esta falta de horizonte se refleja también en el desplome de la natalidad y en el retraso forzoso de la maternidad y la paternidad. ¿Cómo formar una familia si ni siquiera se puede garantizar un techo estable?
Ante esta situación, muchos jóvenes sienten que el sistema ha fallado y los ha dejado tirados. “Nos decían que éramos el futuro, pero somos la generación del esfuerzo sin recompensa”, señalan. Estudian, trabajan, se adaptan, pero nada de eso se traduce en estabilidad o autonomía y este choque entre expectativas y realidad erosiona la confianza en las instituciones y abre la puerta a discursos populistas que prometen soluciones rápidas, rupturas contundentes o un nuevo orden que ponga fin a lo que perciben como un modelo agotado. Con esta realidad su voto, más que ideológico, es un voto reactivo contra lo establecido que no funciona y buscan una alternativa, aunque muchas veces represente “agarrase a un clavo ardiendo”.
Lo cierto es que la situación precaria de la juventud es el desafío más grande de España que ya tiene más de una generación perdida sin ese futuro digno que solo se logra con la inclusión que da el trabajo estable y retribuido que les permita abandonar la precariedad que sufren en la práctica.
Con todo esto es asombrosa la reacción de sorpresa de muchos responsables políticos que ven el desencanto juvenil como un fenómeno repentino o inexplicable sin reconocer que el sistema les ha abandonado. Incluso desde Bruselas les recomiendan que contraten planes privados de pensiones ante la previsión de jubilaciones bajas. Un mensaje tan desconectado de su realidad que suena a insulto. ¿Cómo van a ahorrar para el futuro si ni siquiera pueden vivir con dignidad en el presente?
Cité en un comentario anterior las palabras de Paul Morad cuando en mayo del 68 le pidieron un mensaje para los jóvenes que “hacían arder las calles y contestó lacónicamente: “Dígales que su futuro es la vejez”. Si nadie se ocupa de sus problemas es normal que desconfíen del sistema político y de los partidos y que un gran porcentaje incluso se muestre escéptico con la democracia misma.
