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Sánchez, ¿qué pretendes?

España está como la quería Zapatero, tensionada. Es más, el pupilo aventajado Sánchez ha superado a su maestro y ahora nos tiene tensionados y polarizados. El ambiente es irrespirable y son demasiadas personas las que empiezan a dudar de nuestra democracia. Es lógico, por muchas vicisitudes que la España constitucional haya pasado y las ha pasado, la situación actual tiene componentes novedosos que la hace original, nunca, desde el 78, habíamos vivido nada parecido. 

Por fijarnos en datos, el presidente Sánchez fue elegido por una mayoría de investidura (Frankenstein) de la que ya no dispone, tampoco cuenta con una mayoría social, a pesar de Tezanos, y no duda en reconocerlo al confesar que no convoca elecciones porque podría ganar la derecha, tampoco cuenta con una mayoría parlamentaria, acaban de tumbarle el techo de gasto que es la antesala del rechazo a un presupuesto que dice que va a presentar, recordemos que será el cuarto ejercicio con presupuestos prorrogados, tiene a su ex secretario de organización en la cárcel y el que lo sucedió acaba de salir de prisión con vocación de volver pronto.

Tiene a “su” fiscal general condenado por revelación de secretos, a su hermano imputado igual que su mujer y, con todo esto y más, Sánchez sustrae a los ciudadanos la palabra que, a través de las urnas, podrían dar su opinión sobre la situación actual y renovar el mapa político como mejor le parezca.

Pues no, el presidente se amarra al sillón de Moncloa deteriorando cada hora que pasa, la calidad de nuestra sufrida democracia. Recuerdan ustedes aquella vieja reivindicación de la izquierda que pedía que se adelantara el voto a los jóvenes de 16 años verdad, ahora ya no mencionan tal aspiración y la razón es demoscópica, las encuestas dicen que la juventud está dejando de creer en el sistema y apuntan a apoyar a opciones de derecha sin complejos, incluso un alto porcentaje piensa que un sistema no democrático podría ser más útil en este momento. En paralelo, opciones legítimas como Vox crece imparable en las encuestas mientras Sánchez atiza el miedo para denostar esta opción, pero me da la sensación de que el miedo cambió de bando y ahora el cuerpo electoral le tiene miedo al propio Sánchez y no a otras opciones.

El pin-pon al que juegan en el parlamento basado en el “y tú más” tiene harta a laciudadanía que cada día se aleja más de los partidos tradicionales y, ya de paso, de la propia democracia. Este es el resultado de la actuación de un presidente desnortado y asilvestrado que no tiene ni proyecto, ni hoja de ruta más allá de su propia ambición por mantenerse en Moncloa hasta 2027 con un coste político que puede acabar con el propio partido socialista, hoy más reconocible como partido “sanchista”. Señoras y señores, el sentido común nos dice que esto es insostenible, que la democracia de Sánchez es perversa y oscura y que, por este camino los esfuerzos y renuncias que auparon la Constitución del 78 y garantizaban la convivencia y la paz social, están saltando por los aires a manos de un irresponsable asesorado por el ínclito Zapatero que ya arruinó España una vez y parece dispuesto a repetirlo.

Creo firmemente que ha llegado la hora de plantearle una moción de censura, se gane o se pierda, pero por salud democrática la oposición tiene la obligación de retratar ante los españoles a este desastre de presidente. Sé lo que me dirán algunos, que Sánchez debía presentar una moción de confianza, tienen razón, para eso el presidente debiera tener un mínimo de dignidad y altura de Estado, pero eso ahora es hablar de ciencia ficción.