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Durante unos años tuve como redactor jefe a un gran periodista, de los de la vieja escuela, defensor de las frases concretas que transmitir a los lectores dándole gran importancia a la utilización del punto. A los nuevos, cuando nos incorporábamos a la redacción, nos solía dar una extensa explicación de la utilización de esa arma ortográfica con la que se buscaba cerrar una frase o dejar en el aire una posible continuidad de lo que se comentaba. 

En sus explicaciones nos hablaba de los tres tipos principales: el seguido, al final de una oración dentro del mismo párrafo; el aparte, para marcar el final de un párrafo y separar ideas con temáticas distintas, y el final, para colocar al término de un texto para indicar que ha concluido. 

Desde aquellas fechas, hace más de medio siglo, sigo siendo muy cuidadoso en la colocación de los puntos con los que pretendo expresar una frase que finaliza o que puede tener una continuidad.

Viene esto a cuento puesto que, desde mi punto de vista, creo que en el consenso al que han llegado las tres Universidades con relación a la Facultad de Medicina pueden utilizarse cualquiera de los tres puntos. De momento parece que el acuerdo alcanzado satisface a todos, aunque en el aire quedan preguntas por resolver que se seguirán trabajando para tener soluciones cerradas dentro de tres cursos. Ahora los acuerdos corroborados por los tres rectores y los responsables políticos de la Xunta serán elevados a la comisión ad hoc  y desde ésta a los órganos de Gobierno de cada Universidad.

La creación de nuevas facultades de Medicina para Galicia –A Coruña y Vigo–, ha estado en los últimos tiempos –primavera, verano y otoño– en el primer plano de la actualidad. Se sucedieron las negociaciones con más discrepancias que acuerdos y se abrieron las heridas de una vieja polémica que los responsables de tomar las decisiones, políticas por supuesto, creían que estaban cerradas desde hacía mucho tiempo.

En los diversos artículos que escribí relacionados con este tema siempre defendía la descentralización de la docencia y que imperara una única Facultad, la de Santiago. Ahora se camina en frentes distintos para lo que es necesario crear unidades docentes con profesorado de las tres universidades; que el segundo ciclo de Medicina –cuarto, quinto y sexto–, en sus partes docentes y teóricas esté completamente descentralizado, y que el reparto de los alumnos sea proporcional. Para todo ello hace falta financiación y por el momento la Xunta de Galicia se ha comprometido a ello.

Y después de todo lo acordado me hago una pregunta: cuando se ponga todo en marcha con la descentralización, ¿quién se encargará de firmar el título del grado? ¿Será como hasta ahora que lo hace la Universidad de Santiago? ¿Se hará de forma compartida?

Es necesario mantener el consenso de los acuerdos por el bien de la unidad en un tema tan importante como es la docencia en Medicina. Los responsables educativos –las tres Universidades– hablaron; los representantes políticos –Sanidad y Educación–, también lo hicieron, pero, ¿qué va a ocurrir con una alcaldesa y un alcalde defensores de una Facultad para su zona de influencia? Me refiero a Inés Rey García (A Coruña),  y a Abel Caballero (Vigo). Se van a quedar quietos o seguirán demandando políticamente la creación de una Facultad para su contorno. Creo que tenemos que esperar acontecimientos. Seguro que seguirán intentando mover ficha.