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El viento perdido de Galicia

No soy experto en energías renovables, pero como gallego me duele lo que está ocurriendo con los parques eólicos de Galicia que está perdiendo la oportunidad de convertirse en una potencia en energía verde, un referente en innovación y sostenibilidad. Por sus características naturales, por su experiencia industrial y por su capacidad humana, este pequeño país podría liderar el sector eólico en España. Sin embargo, su potencial se está desvaneciendo entre litigios, recursos y contradicciones institucionales. 

El Tribunal Superior de Xustiza de Galicia (TSXG) ha vuelto a paralizar proyectos eólicos autorizados legalmente por la Xunta, avalados por el Tribunal Supremo y respaldados incluso por el Tribunal de Justicia de la Unión Europea. Aun así, el alto tribunal gallego “rebusca“ nuevos argumentos” para suspenderlos a demanda de asociaciones ecologistas que, desde despachos confortables y bien financiados, promueven recursos sistemáticos contra cualquier parque eólico.

Las consecuencias de ese bloqueo son la paralización de más de setenta parques, la pérdida de miles de empleos –la patronal del sector calcula unos 2.750 al año– y muchos millones de euros de inversiones. Más grave aún la pérdida de la confianza de los inversores que se van a lugares donde la seguridad jurídica es más sólida.

Por si esto fuera poco, el Gobierno central que, con una mano recurre ante el Tribunal Constitucional la norma gallega que obliga a repotenciar los parques eólicos con más de 25 años para mejorar su productividad y sostenibilidad, y con la otra prepara una normativa estatal en el mismo sentido que impondrá esa repotenciación en toda España. Lo que cuestionaba en Galicia ahora lo considera modelo para el conjunto del país. Que alguien explique esta contradicción.

Por supuesto que la protección ambiental es irrenunciable, pero la energía verde también forma parte de esa protección: reduce emisiones, impulsa la innovación y ofrece una alternativa real al modelo de energía fósil. Por eso, el equilibrio entre desarrollo y respeto ambiental no puede dar el resultado de una parálisis permanente.

El viento gallego sopla en Galicia y no se aprovecha, pasa de largo. Cada recurso, cada suspensión y cada contradicción entre administraciones alejan la posibilidad de que esta tierra se consolide como líder de la energía eólica en España. Mientras que otros territorios avanzan, Galicia sigue atrapada en un laberinto judicial y político que convierte el progreso en una batalla interminable de papeles, informes y recursos.

Galicia necesita rigor, pero también seguridad para sus proyectos. Si no consigue salir de ese laberinto, además de megavatios, perderá una oportunidad histórica de crecer, de crear empleo y de construir un futuro más limpio y próspero. ¿Sabrán esto los magistrados del TSXG? ¿Viven en esta tierra?