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Atar, torturar, matar. BTK. Bind, torture, kill

Se vuelven a llevar los asesinos seriales. En realidad nunca se fueron. Son las estrellas del thriller, aunque yo me refiero no solo a la ficción, sino a los reales, a los terroríficos, a los que representan al reptil depredador que lleva dentro nuestro cerebro, a los que su naturaleza intrínseca lleva a cazar humanos, violarlos, torturarlos, matarlos, para su satisfacción personal.

Veo en varias plataformas series y documentales sobre los más famosos: Ted Bundy, John Wayne Gacy (les recomiendo “Devil in disguise”, está en varios canales) uno no tan famoso pero quizá el más consciente de su naturaleza esencial de monstruo versus padre de familia, asesino mediático versus presidente de la congregación en la iglesia (a la que llevó una de las víctimas en el maletero de su coche), hombre trabajador que aprovechaba su trabajo para acechar a familias y criminal sádico sin escrúpulos. En Netflix acaban de estrenar “Mi padre, el asesino BTK” en el que la hija de BTK, Kerri Rawson, narra la pesadilla de saber que su padre era el killer que mató al menos a 10 personas en Wichita, Kansas. Dennis Rader se hacía llamar BTK: Bind, Torture, Kill. Atar, torturar, matar. Él mismo se puso el alias de batalla antes de que la prensa se adelantara con algún nombre humillante que no hiciese justicia a su obra trascendental para él, repugnante y viscosa para los demás. El documental es estremecedor. La complejidad de Dennis Rader y su gran inteligencia le sirvió para pasar desapercibido durante años y años mientras la policía le pisaba los talones con una diligencia de sabueso, jugando al gato y al ratón. Es curioso que mientras nacían y crecían sus hijos Rader dejó de matar y dio rienda suelta a sus recuerdos, trofeos, fotos, dibujos, disfraces y demás parafernalia sexual que escondía en una cabañita en el jardín fuera de su típica casa americana. Los niños le quitaban tiempo para sus fechorías. Curioso. Igual había algo de humanidad en esa mente retorcida.

Vivir con un asesino en serie, un psicópata sexual durante años y no darte cuenta. La familia de Rader fue acusada de saberlo y esconderlo. En realidad es difícil darte cuenta de que tu pareja, tu padre que te hace una casa en el árbol y te lleva a pescar es uno de los asesinos en serie más famosos del mundo, uno de los seres más malvados y fríos que puedas conocer. Es difícil porque el psicópata es capaz de actuar todas las emociones humanas, fingirlas e incluso disfrutarlas desde su punto de vista diferente. Son como la invasión de los ultracuerpos, seres ajenos a la conciencia humana, capaces de cualquier tropelía mientras sonríen, de apretar el botón rojo sin que les tiemble el índice, de traicionar cualquier ideal para lograr todos sus fines y convencerte de que ha sido todo culpa tuya.

En realidad es difícil darte cuenta de que tu pareja, tu padre que te hace una casa en el árbol y te lleva a pescar es uno de los asesinos en serie más famosos del mundo, uno de los seres más malvados y fríos que puedas conocer

Para los simples mortales como nosotros el psicópata es un ente extraño. La idea de que ahí fuera esté alguien acechando para utilizarte como un objeto se nos escapa. No puedo imaginar el inmenso dolor de Kerri Rawson al darse cuenta de que estaba conduciendo un coche que había llevado detrás al cuerpo de una mujer estrangulada con unas medias. La profanación del amor paterno en un gesto de lo más normal, regalarle a tu hija tu coche tras aprobar la secundaria.

Dennis Rader se pudre en la cárcel, con buen criterio y sin la chorrada woke del no punitivismo. Quizá con algo de conciencia de que sus acciones aberrantes causaron mucho daño, quizá no. Se le ha prohibido cualquier tipo de pintura, papel, o método en el que pueda plasmar sus perversiones. Eso tiene que ser para él peor que la muerte.