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Todavía quedan algunos ilusos que piensan que todos somos iguales ante la ley, calculo que hoy son menos que hace unos días, pero alguno quedará. Discúlpenme aquellos que mantengan la fe, yo ya no estoy en esa lista de bien pensados, me borré. El procesado García Ortiz fue despedido en la fiscalía como solo se despide a un torero que sale por la puerta grande de las Ventas, rodeado y aplaudido por forofos que, en este caso, son además subordinados del fiscal general, un montón de palmeros con escasos principios y ningún respeto por la justicia, a la que desprecian con su aplauso pues a quien aplauden se dirige al Tribunal Supremo para ser juzgado por la presunta comisión de un grave delito. Cuenta el fiscal con la inestimable y más que despreciable colaboración de los medios públicos de comunicación que, en un giro vomitivo, informan del juicio bajo el titulo de “juicio al asesor de Ayuso y a su novio”, vamos que el fiscal procesado ni pasaba por allí. Por si fuera poco, el acusado no se sienta en el banquillo de los acusados, se sitúa en la bancada de los fiscales que tendrán que interrogarle y que, a la vez, son también sus subordinados.

Cabe esperar un masaje más que algunas preguntas que puedan molestar a su jefe. Lo que no sé es si algunos de los fiscales actuantes también estuvieron antes como palmeros aplaudiendo en la fiscalía a su jefe, ya sería el colmo. Lo cierto y verdad es que lo que se juzga estos días es la filtración desde la fiscalía de datos personales y secretos de un contribuyente y de las comunicaciones secretas entre el abogado del contribuyente y la propia fiscalía. De esto no cabe duda y hasta los medios del coro mediático de Sánchez aceptan esta realidad. Así pues, solo queda despejar la duda de quien fue el filtrador pero que salió de fiscalía es irrefutable y tendrá, me imagino, una responsabilidad civil subsidiaria como mínimo. Curiosamente, los periodistas de la banda de “opinión sincronizada” dicen haber tenido esa información antes que el fiscal, pero, ¡sorpresa!, no publicaron nada a pesar de tener, según ellos, esa valiosa información que perjudicaría a la presidenta de Madrid a la que odian porque los arrasa cada elección. Después una asesora de Moncloa le manda un mail ilegal al señor Lobato, líder entonces del Psoe de Madrid, para que ataque a la señora Ayuso en el pleno del parlamento madrileño, sin pararse a pensar que el señor Lobato es técnico de hacienda y, consciente de que eso es ilegal, se va a un notario a acreditar de quien recibe el mail. Lobato le dice a la asesora de Moncloa que el no puede utilizar eso si no tiene certificado el origen del documento o si lo publica antes algún medio y, en cuestión de diez minutos, le devuelve la llamada para decirle que lo acaba de publicar un medio destacado de esos de la “opinión sincronizada” ¡qué casualidad! A todo esto, la fiscal jefa de Madrid responde a una llamada del fiscal general que le exige que saque una nota de prensa contra el contribuyente afectado por la filtración y ella le espeta: ¡lo has filtrado tú! Y él le responde: “eso ahora no importa”. Por si fuera poco, el fiscal previamente pero cuando ya se sabía investigado, borró todos los mensajes de su teléfono y todos los correos de su ordenador igual que la asesora de Moncloa que dio instrucciones al señor Lobato.

Todo son casualidades, no sean mal pensados, pero el resumen del resumen es que no todos somos iguales ante la ley, el fiscal general no. No se en que sentido se pronunciará la sentencia, pero el sentido común y el imaginario colectivo, tendrán pocas dudas de la culpabilidad del fiscal general del estado, ese al que Sánchez le recordó en su día de quien dependía. Pues eso.