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La agencia que vigilará la inteligencia artificial en España está en A Coruña

El debate sobre las redes que enganchan a los menores ya ha llegado a Galicia

Imagen representativa de interacción humanos entre los humanos y la IA
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La autoridad que supervisará la inteligencia artificial en toda España tiene su sede en A Coruña. Mientras en un tribunal federal de Oakland, California, Meta afronta desde este agosto un juicio derivado de la demanda presentada por una coalición de estados de Estados Unidos, que acusa a la matriz de Facebook e Instagram de haber diseñado sus plataformas para favorecer un uso excesivo entre los menores, en Galicia casi uno de cada veinte adolescentes ya hace un uso problemático de esas mismas redes. No es una coincidencia lejana: es el mismo problema mirado desde tres alturas distintas.

El proceso estadounidense, que arrancó el 18 de agosto, acusa a la compañía de haber construido funciones «psicológicamente manipuladoras» dirigidas a captar la atención de niños y adolescentes. Meta lo niega y sostiene que sus críticos se apoyan en citas sacadas de contexto. Pero, más allá del veredicto, el caso ha reabierto una discusión que interesa a cualquiera con un móvil en el bolsillo y, muy especialmente, a las familias gallegas: ¿se puede saber, mirando por dentro, para qué está diseñado realmente un algoritmo?

Un objetivo elegido, no un accidente

Para Julio Domínguez, Chief Growth Officer de Evolve, compañía española de capacitación tecnológica, la respuesta es que sí, y que ahí está la clave del asunto. Domínguez, ingeniero informático con años de experiencia en el sector del crecimiento digital, explica que un algoritmo de recomendación no persigue un bien abstracto, sino un objetivo muy concreto que alguien de la empresa ha decidido de antemano: el tiempo que el usuario pasa conectado, el número de veces que vuelve al día o cuántas jornadas seguidas entra en la aplicación. «Esa elección no es un misterio: está escrita dentro de la empresa y se puede auditar», señala.

La frontera entre el enganche legítimo y la adicción por diseño, sostiene, es más nítida de lo que suele plantearse. Existe un uso sano cuando el producto aporta valor y por eso el usuario regresa. El problema aparece cuando el objetivo deja de ser lo que la persona gana y pasa a ser el tiempo que se le retiene, y se cruza del todo, en sus palabras, «cuando uno mismo reconoce que no puede parar aunque quiera».

Es precisamente ese matiz el que, según los documentos internos aportados al juicio, la propia investigación de Meta habría detectado años atrás: adolescentes que describían su uso de Instagram con el vocabulario de una adicción y que aseguraban no lograr desconectarse pese a intentarlo. La compañía mantiene que esas frases se han extraído de su contexto.

​Galicia, un retrato que preocupa

El debate no es teórico en la comunidad. Un estudio elaborado en 2026 por UNICEF junto a la Universidade de Santiago, sobre más de 3.300 escolares de 25 centros gallegos, concluyó que el 4,7% de los adolescentes presenta un uso problemático de Instagram, TikTok o YouTube, una cifra que sube al 7,6% en Bachillerato.

El dato no es menor: según la investigación, esa conducta se asocia con un riesgo de comportamientos suicidas cuatro veces mayor y con peores indicadores de ansiedad, depresión y bienestar emocional. El director científico del estudio, el profesor de Psicología Social de la USC Antonio Rial Boubeta, ha llegado a describir las redes como «una trituradora a nivel mental» y el uso intensivo del móvil entre los jóvenes como un problema de salud pública.

Una niña accede a internet en un teléfono móvil
Una niña accede a internet en un teléfono móvil
Archivo El Ideal Gallego

El retrato se completa con otras cifras gallegas. Los menores acceden a su primer teléfono móvil de media a los 11 años y, cuando llegan a 2º de la ESO, prácticamente todos lo tienen. No sorprende, por eso, que el 93% de las familias gallegas respalde restringir el acceso a las redes sociales a los menores de 16 años, según una encuesta del Instituto Galego de Estatística presentada en junio.

Mecanismos con nombre y apellidos

Lo que engancha, explica el experto de Evolve, no son ocurrencias de diseño, sino la aplicación de principios de psicología conductual conocidos desde hace décadas. El scroll infinito, los vídeos que se reproducen solos, las notificaciones o los contadores de «me gusta» responden a un mecanismo que Domínguez llama recompensa variable, el mismo principio que opera en una máquina tragaperras: al deslizar el dedo, el usuario no sabe qué va a encontrar, y esa incertidumbre contribuye a mantener su atención.

El responsable de Evolve recuerda que estas técnicas no son ilegales por sí mismas y que las emplea buena parte de la industria del marketing digital. El conflicto surge cuando se aplican con toda su potencia sobre los perfiles más vulnerables: niños, adolescentes y también personas mayores.

Y no es una inquietud aislada. La Comisión Europea concluyó de forma preliminar el pasado julio que el diseño de Instagram y Facebook incumple la normativa europea de servicios digitales por sus características potencialmente adictivas, y señaló precisamente elementos como el scroll infinito, la reproducción automática, las notificaciones y los sistemas de recomendación.

«No pueden no saberlo»

Uno de los argumentos centrales del proceso es si una tecnológica puede alegar que desconoce los efectos de su propio algoritmo. Para Domínguez, la respuesta es rotunda.

Estas empresas, explica, prueban constantemente cada detalle de sus productos mediante experimentos con millones de usuarios a la vez, midiendo qué versión de una pantalla, un botón o una notificación consigue retener mejor. «Su negocio es exactamente ese, saber qué funciona. Decir que desconocen el efecto de su algoritmo es como que un laboratorio diga que no sabe qué hace su medicamento después de haberlo probado en medio mundo», resume.

El debate tiene además una dimensión económica que, para el experto, explica por qué el problema no se resuelve pese a estar identificado. Cerca del 98% de los ingresos de Meta procede de la publicidad, un modelo que se sostiene sobre la atención: cada minuto que un usuario no está conectado es un minuto de anuncios que no se vende.

Reducir el tiempo de uso, por tanto, choca de frente con el corazón del negocio. Por eso, señala, las opciones más protectoras no siempre han venido activadas por defecto, sino que tradicionalmente el usuario ha tenido que buscarlas y activarlas. «Que la opción más segura para un niño no sea la que viene puesta de fábrica no es un descuido técnico, es una decisión de negocio».

Galicia se adelanta a la norma

Mientras el problema se dirime en los tribunales, Galicia ha empezado a moverse por su cuenta. La comunidad restringió el uso del móvil en las aulas antes que buena parte de España y prepara una Ley de Educación Digital, presentada por la Xunta como pionera a nivel estatal, que regulará el uso de la inteligencia artificial en el ámbito educativo y reconocerá el derecho del alumnado a la desconexión digital.

A ello se suma una circunstancia especialmente significativa para Galicia: la Agencia Española de Supervisión de la Inteligencia Artificial (AESIA), la primera agencia europea específicamente dedicada a la supervisión de la inteligencia artificial, tiene su sede en A Coruña.

Será uno de los organismos encargados de supervisar en España el cumplimiento de la nueva regulación europea sobre IA, cuyo régimen sancionador contempla, para determinados incumplimientos, multas que pueden alcanzar los 35 millones de euros o un porcentaje de la facturación mundial de las empresas.

El territorio desde el que se supervisará cómo se utiliza buena parte de esta tecnología es, precisamente, gallego.

La formación como defensa

La conclusión, para el responsable de Evolve, no pasa por demonizar la tecnología. Técnicamente sería posible limitar muchos de estos mecanismos para los menores y, de hecho, las plataformas ya han lanzado cuentas específicas para adolescentes con determinadas restricciones activadas de serie.

El problema es que la herramienta avanza mucho más rápido que la capacidad de las personas para utilizarla con criterio, y esa brecha se observa tanto en un adolescente con un móvil como en una empresa que adopta inteligencia artificial sin formar a su equipo.

Los datos gallegos respaldan esa lectura también desde el ámbito empresarial. El 15,7% de las empresas de diez o más trabajadores con sede en Galicia ya utiliza inteligencia artificial, un porcentaje que ha crecido un 51,1% en un solo año. Al mismo tiempo, la patronal calcula que existen entre 15.000 y 20.000 puestos de trabajo sin cubrir en la comunidad, con dificultades para encontrar profesionales en sectores que van desde la industria y la hostelería hasta la sanidad, la logística y las tecnologías de la información.

La tecnología está; falta, cada vez más, quien sepa manejarla con sentido. Es la idea que resume la filosofía de la compañía: la tecnología no transforma por sí sola ni a las personas ni a las empresas; las transforman quienes aprenden a utilizarla con criterio.

Una competencia que, cuando cada vez más decisiones cotidianas pasan por una pantalla, empieza a ser tan básica como saber leer un contrato.

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