Videojuegos | Exclusivamente exclusivos
Cuando parecía que la industria terminaba de borrar las líneas de una guerra de consolas latente, la exclusividad de algunos juegos mantiene a flote las diferencias entre un hardware u otro

Mientras el sector de los videojuegos miraba a un horizonte lejano lleno de expectativas, la pelea por ver quién era el primero en llegar era encarnizada. Y quizá el adjetivo edulcora un poco lo que se llegó a vivir en los años 90. Nintendo y Sega se adentraron, con espectadores de lujo a su alrededor, en lo que se dio en llamar ‘Guerra de consolas’. Uno tenia a Mario. El otro, a Sonic. Unos tenían mejores colores. Los otros mejores resolución. La lucha era titánica por ver quién conseguía la licencia de turno para quedarse con el juego de esta o tal película…
Con la entrada del nuevo milenio, Sega terminó abandonando, con Dreamcast, su carrera en el ámbito del hardware. Nintendo, por su parte, comenzó su propia carrera contra sí misma. Pero al ring saltaban nuevos combatientes: en una esquina, Xbox, la consola con la que Microsoft se quería hacer con ese público que se le escapaba desde PC; en la otra, Sony, que tras desechar una hipotética colaboración histórica con la compañía de Super Mario y Zelda para crear una consola sin precedentes, se lanzó en solitario, con PlayStation, a una carrera en la que entrado el siglo XXI llegaba con un buen impulso.
Aunque por momentos parecía poder recordar a los tiempos de Nintendo y Sega, lo cierto es que, con el paso de los años, la guerra se ha ido diluyendo. Por múltiples motivos, todos ellos ligados a diferentes hábitos de consumo: la entrada en los hogares de ordenadores mucho más potentes, los menores saltos tecnológicos entre generaciones de consolas o la aproximación técnica entre competidores, como algunos ejemplos.
La entrada en juego de servicios como Game Pass o PSplus han hecho que incluso los lanzamientos de juegos al mercado se vean afectados y sus efectos se limiten a apenas unas semanas tras la fecha de estreno.
Esto ha hecho que desde cada una de las esquinas se dejasen de mirar el ombligo y abrieran sus mercados a sus contrincantes, dejando que sus tan codiciadas IP se puedan jugar en otras plataformas. Sony abrió la mano con algunos de sus juegos, permitiendo que se jugasen en PC. Xbox hizo lo propio cediendo títulos a PlayStation. La certificación de que son tiempos nuevos llegó cuando Xbox anunció el remake del primer título de una de sus grandes sagas, Halo, y que lo lanzaría también para la consola rival, dejando a un lado un cuarto de siglo de exclusividad. Aunque no al mismo nivel, vendría a ser el equivalente a ver a Mario en Mega Drive o en PC (algo que casi se da gracias a John Carmack y al equipo que acabaría creando Doom si no llega a ser por la tajante negativa de la gran ‘N’).
Que el Jefe Maestro diese el salto a las consolas de Sony era una noticia que venía a decir, más o menos: Se acabaron los exclusivos, estamos en una nueva era… O tal vez no del todo.
Y es que con la avalancha de conferencias de lo que vendría a ser el E-3 (alguien le debería dar un nombre de una vez), Xbox volvió a dar un giro de timón inesperado. Tras la marcha de Phil Spencer, cabeza visible de la división de consolas de Microsoft durante todos estos años, y la llegada en su lugar de Asha Sharma, Xbox confirmó, a medias, que la idea de abrir la mano no iba a ser tal. Sí, el remake del primer Halo parece que llegará a PlayStation 5, aunque la duda de la cancelación del port sobrevoló varios días, pero la consola de la ‘X’ verde seguirá teniendo exclusivos, como el nuevo Gears of War o Clockwork Revolution.
De algún modo se han dado cuenta de que si dejan a un lado la exclusividad, quizá, y solo quizá, una parte de los compradores de Xbox darían el salto al otro lado. Game Pass es una tentación muy grande, pero quizá no es suficiente para acaparar el mercado al que aspiran, así que han decidido “premiar” a sus “fieles” con juegos que solo podrán jugar en sus sistemas.
Así que, aunque menos ‘sangrienta’ y voraz que antaño, seguiremos teniendo Guerra de Consolas. Aunque sea algo más descafeinada que cuando Sega se anunciaba sin esconder sus rencores con aquel ‘Sega does what Nintendo’t’.















