El ojo público | Mentes peligrosas
Claro que hay un secreto para que la fotografía se torne fotografía y se desprenda de su condición de imagen. Os daré una pista, porque es lo más difícil de lograr hacer cuando disparas con una cámara: atmósfera. La clave de la vida.

Le dije que tomase asiento y me aclaré la garganta. Abrí una carpetilla que contenía una serie de documentos muy técnicos y muy solemnes que, por lo que fuese, yo tenía que cubrir con la finalidad de evaluar sus prácticas de fotografía. En fin, así gira de enrevesado el mundo. El muchacho me contemplaba como el que observa con apaciguada curiosidad a una mona despiojándose en la jaula de un zoológico decadente.
“Bueno, quieres que te diga algo y te lo diré. Tú me lo has pedido, no ha sido mi elección, eso vaya por delante. Por lo tanto, empezaré por donde siempre empiezo con todos: léete 5.000 libros, una o varias veces, trágate 10.000 películas, buenas y malas, clásicas, modernas, de Ford o de Jackie Chan, después te escuchas 1.000 buenos discos, enteritos, de cabo a rabo, nada de listas de Spoty, a continuación, y si puedes, haces unos cuantos viajes, no de vacaciones, viajes de verdad, y si los haces, entonces trata de mirar, atender y entender lo que estás viendo. Bien, pues si haces todo eso, te prometo, te aseguro y te juro por mi perro, que, en tan sólo una mañana, yo o cualquier profesional del fotoperiodismo, te enseñará a hacer fotos”.
Eché un trago al café y comencé a rellenar los papeles con las mejores puntuaciones posibles.
“Tienes la actitud, te gusta y te entregas. Potencia sin control propia de tu juventud. Pero tienes actitud, y eso ya es el 90% del cuento. Así que, si quieres embarcarte en este mundo de chiflados, olvídate de comprar el último modelo de cámara o el objetivo más caro y más rápido y ligero y ahorra todo eso para sacarte el carné de conducir y comprarte un coche, el que sea que te permita moverte y llenarlo de latas, bolsas de patatas, colillas y mierdas por el estilo. Un fotoperiodista pasa más tiempo solo en un coche que la luna en el cielo, y esa soledad muchas veces es tu aliada y otras tantas veces tu enemiga. Ya lo sé, es extraño, pero ya lo irás entendiendo. El caso es que invierte bien el dinero, piensa en que Brassaï o Bresson tenía cámaras mucho más cutres que las que llevas en esa mochila y me juego el dedo con el que disparo la mía a que hacían mejores fotos que tú e incluso, cuando estaban en estado de gracia e inspirados y tocados por la mano de Dios, que yo mismo”.
Sonreí buscando una complicidad con el chascarrillo, pero el chaval permanecía impasible, con la mirada de los mil metros colgada de sus párpados.
“La cámara sólo es una herramienta. Don Mcullin no usaba correas para atarlas. Empleaba cordones de zapatos, y lo hacía para recordarse a sí mismo que lo importante es el hombre y no la máquina. Era una manera de despreciarles, de cosificarlas. En tu caso se ve que conoces la técnica y tiras buenas imágenes, pero sólo cuando empiezas a encontrar tu propio lenguaje es cuando de verdad comienzas a hacer fotografías. Ya, sé que suena a cliché, pero va de eso. La gente tiene que ver una foto tuya y decir: ‘¡Joder, esta foto es de fulanito!’. Eso es a lo que tienes que aspirar, a lo que tenemos que aspirar todos. Porque nosotros hablamos con imágenes, y que esas imágenes se transformen en algo más, solo ocurre cuando eres capaz de conectar tu cerebro y tu corazón a tu mirada. Ese contenido no explícito, que hace que la imagen se llene de contenido y se haga finalmente fotografía, eres tú”.
El chico a estas alturas y tras asentir mecánicamente unas cuantas veces, dudaba entre salir huyendo o comenzar a rascarse los sobacos compulsivamente.
“A ver, es cierto. No puedes ser tan intensito todo el día. En ocasiones hay que cumplir el expediente, si no, nos daría un infarto a las dos semanas. Pero cualquier tema, incluso el más trivial y manido, puede poseer magia si tú se la encuentras. Y algo muy importante, no hay ningún mérito en estar en un campo de fútbol en plena final de un Mundial, o en una cumbre internacional rodeado de primeros ministros, o en la ceremonia de los Oscar empapado en un glamour más que discutible. A nosotros nos mandan allí y punto. Nos toca porque trabajamos en esto. Unos días toca una cosa, otros días otra y otros días llueve. Andamos a setas y no a Rolex. No necesitamos grabarnos vídeos para subir a Tik Tok o a Youtube contando la experiencia de un fotógrafo ‘empotrado’ y ‘viviendo’ determinado acontecimiento. Ahora parece que es la moda entre las nuevas hornadas. Ir a cubrir una noticia y tratar de convertirse en la noticia. Pues que sepas que hay una máxima en esto: ‘Si vas a cubrir una noticia y te conviertes en noticia, entonces es que la has cagado’ Mira, el periodismo gonzo ya lo inventó Hunter S. Thompson hace más de medio siglo, y, al contrario que muchos de esos exhibicionistas que inundan las redes con sus experiencias de chichinabo, Hunter S. Thompson tenía mucha gracia y era listo. Así que métete esto en la cabeza: medio de comunicación. Somos eso, un medio entre el emisor de una noticia y el receptor de la misma. Somos el medio, y no la noticia. Que hable nuestro trabajo y no nuestro careto. Y así no será nuestro gremio el que ponga un ladrillo más en el hundimiento de esta profesión”.
Le apreté la mano y le dije: “Lo has hecho muy bien, de verdad”. El muchacho, aún aturdido, esbozó la mueca de una sonrisa y se despidió de la gente de la redacción, dejando tras de sí un gran recuerdo y unos estupendos pastelitos que, por supuesto, devoramos como si no hubiese un mañana.












