GameOver | Un ajedrez con más capas de lo normal
Gambonanza juega con las reglas del ajedrez como Balatro lo hacía con las del poker, con nuevas fórmulas para rediseñar un juego ya de por sí difícil de dominar

El ajedrez como juego en sí mismo es quizá uno de los más complicados de dominar. Su infinidad de variantes cada vez que una pieza toma una nueva posición en alguna de esas 64 casillas lo convierten en un atractivo no solo como deporte o entretenimiento en sí mismo, sino también como fuente de otras creaciones. En el audiovisual han sido muchas las películas que han tratado la Guerra Fría a través del ajedrez o que se han adentrado en figuras como las de Bobby Fischer, sin olvidarnos de grandes éxitos de masas como ‘Gámbito de dama’. En la literatura muchos la han usado como leitmotiv, llegando algunas a elevadas cotas de grandeza como las de Zweig y su breve ‘Novela de ajedrez’. El mundo del videojuego no es menos y también se ha dejado llevar por los cantos de sirena de querer hacer del ajedrez un mayor éxito de lo que ya es por si mismo.
Multitud de terminales, bien consolas, bien ordenadores, bien móviles, han dado cabida al ajedrez como tal, generando partidas contra inteligencias artificiales o facilitando partidas contra humanos en otros rincones del planeta. Pero ha habido quien se ha atrevido a más y ha querido darle nuevas cotas de jugabilidad a un juego ya de por sí complicado de dominar, pese a su aparente sencillez.
En la cabeza de muchos probablemente esté aflorando la figura de Sheldon Cooper y aquel capítulo de ‘Big Bang Theory’ en el que desplegaba su ajedrez de varias dimensiones. Pero en el mundo real las ideas disparatadas en torno a este histórico juego no se han quedado atrás. Vale solo con recordar a Shotgun King y su rey loco que conquista el tablero a base de escopetazos, granadas y machetes.
Uno de los últimos giros de tuerca viene de la mano de Blukulele, que en las últimas semanas ha publicado Gambonanza, un título que juega con las normas del ajedrez de una manera similar a como Balatro jugaba con las normas del poker.
La propuesta parte de una idea sencilla: un tablero pequeño de 5x5, que irá creciendo, y el jugador dispondrá de tres piezas blancas que serán aleatorias al inicio de cada intentona. Antes de comenzar la partida, podemos colocar nuestras piezas en cualquier posición de las dos primeras filas y, a partir de ahí, el objetivo no es otro que capturar todas las piezas rivales.
Hasta aquí cualquiera se estaría preguntando dónde está la gracia. En pequeños detalles. Capturar piezas y ganar la partida nos dará dinero con el que podremos comprar más piezas o bien los elementos disruptivos. Unos son los llamados gámbitos, que nos darán habilidades que harán que afrontemos cada partida de manera diferente: ganar más dinero por capturar con X piezas o en determinadas casillas, que los peones que promocionen ganen otras características, que algunas piezas se muevan diferente... infinidad de posibilidades a las que se suman otras opciones de compra en las tiendas: variaciones de casillas para que nos den más dinero, para que atrapen rivales, para proteger piezas durante un turno... Todo esto hace que haya que prestar atención a más variables de lo habitual en el ajedrez.
Gambonanza intenta dar frenetismo también con otra característica que, aunque no mete prisa, intenta que el jugador cometa errores: si la partida no acaba en pocos turnos, las casillas del tablero empezarán a desmoronarse, limitando los movimientos y llevándose piezas por delante. Todo esto se adereza, además, con jefes cada cinco partidas que cambian algunos aspectos del juego base.














