GameOver | Tenga usted su dosis de dopamina
Tras el éxito de Vampire Survivors, Poncle le da una vuelta a su propuesta con Vampire Crawlers

Estamos inmersos en la sociedad de los chutes de dopamina. Queremos nuestra dosis de placer y satisfacción y la queremos lo más rápido posible. El mundo de los videojuegos no es ajeno a esto y se adentra en los oscuros caminos que llevan a la satisfacción de múltiples maneras.
Sin ir más lejos, Poncle publicó hace casi cinco años Vampire Survivors, un título que prometía horas y horas y horas y horas de juego y que a cambio solo nos pedía una cosa: moverse. Nada más. Esa sencillez hizo que la tosquedad de sus gráficos, los cuales formaban parte de la gracia del asunto, no restasen nada a una propuesta en la que solo nos teníamos que mover para esquivar enemigos mientras nuestro personaje disparaba automáticamente. Cada muerte equivalía a experiencia a recoger en el suelo y cada nivel subido nos permitía elegir mejoras o nuevos ataques. Este bucle de moverse, subir nivel y mejorar nuestras características se traducían en una vorágine de cosas que ocurrían en pantalla quisiéramos o no. En cuestión de minutos el orgasmo visual de ataques y cifras de daño se convertía en una satisfacción difícil de igualar.
Pues Poncle ha doblado la apuesta dándole nueva vida a este universo, entrando en otro tipo de juego que también apela a los chutes de dopamina y con guiños de nostalgia noventera. Vamos a referirnos a este nuevo título como Vampire Crawlers, a secas, porque entrar en el juego del sobrenombre, The Turbo Wildcard from Vampire Survivors, quizá nos reste demasiadas líneas de texto por cada mención.
La propuesta en esta ocasión es un roguelite de construcción de mazos. En cada nivel, o mazmorra si nos adherimos al género, empezaremos con una base de cartas en función de nuestro personaje y, cada vez que logremos la suficiente experiencia, podremos escoger nuevas cartas que sumar a la baraja. La idea es sencilla: cada vez que nos encontremos con un grupo de enemigos, podremos combatir con ellos por turnos. Cada turno sabremos de antemano si el enemigo nos atacará, así que tendremos que decidir si usar cartas de ataque, de armadura o mejoras varias.
Hasta aquí, lo de siempre en estos juegos. El tema empieza a ser entretenido cuando entramos en el bucle de sinergias que nos ofrece Vampire Crawlers. La más sencilla, la referente al maná. Tras usar una carta, todas las que tengan un coste de una unidad superior, tendrán un extra de daño, defensa o potenciación, por lo que el juego anima a jugar secuencias: 0-1-2-3...
Pero es que las cartas en sí mismas van creando también sinergias potenciando determinados ataques o habilidades, haciendo que hagamos cantidades de daño inenarrables, que nuestro blindaje no se agote o generando cantidades de maná indecentes. Así, cada personaje, sumado a una serie de detalles nuevos que es mejor descubrir por uno mismo, animan a probar distintos tipos de formas de afrontar cada partida en función de cual elijamos.
Y lo que se antoja un pozo de horas como pocos está aderezado con la misma tosquedad visual que Vampire Survivors, solo que en esta ocasión en primera persona, con una disposición de los elementos que nos retrotraen a los RPG de PC de los años 90, con esas enormes ventanas y teclas en pantalla.
Pero el fondo, las partidas rápidas y el chute de dopamina de querer aumentar el daño y solo ver el caos reinar entre nuestros enemigos sigue siendo el mismo que en el primer juego de Poncle.












