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Andrés Suárez | "Hoy día se dice que cantar para 50 es un fracaso. A mí me llevó años"

El músico ferrolano acaba de publicar su nuevo disco, 'Lúa', y habla del proceso de creación, su depresión y su relación con el público

Andrés Suárez, en el parque de Santa Margarita de A Coruña
Andrés Suárez, en el parque de Santa Margarita de A Coruña
Carlota Blanco
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Lo de Andrés Suárez y sus fans casi se podría definir como una relación tóxica: cuanto peor está él, mejor música reciben los segundos. Más allá de la broma, el músico ferrolano acaba de publicar nuevo disco, ‘Lúa’, que nace precisamente de un mal momento, una ruptura traumática, pero al que consigue dar una vuelta para ofrecer al oyente un viaje desde lo más oscuro, desde una depresión que le dejó sin voz y casi sin gira, a un enamoramiento, un nuevo resurgir. “Es acojonante esa travesía”, resume el propio compositor con una sonrisa.

¿Cómo nace el disco?

A mediados de 2024 paso por eso que llaman depresión diagnosticada y una ruptura traumática, no soy nada original. Soy uno más que no vive una separación amistosa, todo lo contrario. Eso sumado a la adicción a las redes sociales, al móvil... Venía de, no te exagero, 110 conciertos en un año. Entonces, como dice mi amigo Buenafuente, descarrilé. Me recomiendan abandonar por primera vez lo que soy, que es la música, para conectarme otra vez. Por suerte, la solución no fue esa. Lo intenté, llamé por primera vez a mi mánager, a la que quiero mucho, Rosa Lagarrigue, pidiendo cancelar la gira de ‘Viaje de vida y vuelta’.

¿Y qué le hizo reconectar?

Lo que me reconectó y por lo que surge este disco es por los músicos haciendo música. Hablo de IA, de inteligencia animal. Estoy hablando de violas, de chelos, la casa llena de amigos otra vez de risas, la reverberación de gritos e insultos cambiaba por carcajadas de amigos, violines, guitarras... Ahí aparece ‘Lúa’, por eso es un disco tan orgánico, por eso aprendía a decir ‘no’ y paré un año, año y medio; desaparecí. Todo Dios metido en esta rueda de hámster te dice: “Es el mayor error de tu vida, se van a olvidar de ti y tienes que publicar canción cada viernes..:”. Nos venden esto, pero no es real. Lo que me devolvió la sonrisa, o la ‘Lúa’, como lo quieras ver, fue la música.

Tiene que ser gratificante poder parar un año y medio y saber que va a haber gente esperando.

Yo no lo sabía. Paré casi por obligación, médica y familiar, paré porque económicamente podía. Si económicamente pudiera parar tres años, lo hacía, hay mucho que ver en Netflix y que leer por casa (sonríe). Yo vengo de la vieja escuela, vengo de Simone Bosé, en paz descanse, de EMI Music. Es decir, un año y medio de preparación, grabación, composición, mezcla, ensayos, etc. Dos años, dos años y medio de gira, terminabas, brindabas en el camerino y te decían: “En dos años no le quiero ver, váyase usted con su esposa, con su familia, viaje, lea, haga el amor, sea feliz... y vuelva y hacemos un disco”. Imagínate eso ahora. Salvo los gigantes, un Sting, un Juan Luis Guerra, ¿quién puede parar tres años? Me preocupa muchísimo. No sabía si iba a haber gente o no, pero me preocupa hacia dónde vamos. Porque como no va a haber gente es publicando 200 series un viernes, 100 películas, no sé cuantas canciones... decían el otro día 700-800 cada viernes. Desde la pandemia hay que sacar. Eso me preocupa. Creo que el silencio nos viene bien a todos.

“Pago mis facturas desde los 18 y voy a cumplir 43, mal llevados porque salí mucho de noche. Algo debo de hacer bien porque qué privilegio poder vivir y pagar mis facturas”Andrés Suárez

La depresión le afectó a la voz.

Está rota al empezar. De hecho en la palabra ‘niña’, en el tema uno, ‘Durmiendo con mi enemiga’, yo me quiebro, lloro, literalmente. Pensé que en enero del 2025, o diciembre del 2024, mis productores pensaban que no se podía acabar el disco. Estábamos con la persiana bajada, en el estudio de mi casa, a oscuras, no sabía ni qué día era, no podía cantar, no me acordaba de las letras... De repente voy a México y me enamoro y la voz es cursi y empieza una bachata con músicos de Juan Luis Guerra. Acojonante esa travesía. Del más profundo dolor a un enamoramiento y un resurgir. Me gusta mucho la historia de ‘Lúa’ porque me reconozco y me perdono en el dolor y en la cursilería de ‘Recuérdame’. Lo reconozco, enamorado perdido (sonríe).

Ese periodo puede dar para reflexión sobre si algún día falla la voz y hay que dejar de cantar. No sé si es un miedo real o...

No lo quiero pensar. Igual es que estoy metiendo la cabeza en la tierra como el avestruz, pero es que no lo quiero ver. Un amigo al quiero mucho, Leiva, se está quedando literalmente sin voz. Es algo que no pensamos. Estamos bien hasta que la tragedia ocurre al lado y te fijas. Prefiero en esta entrevista pensar que me quedan muchos años de voz (sonríe). Como bien dijo Lei, “si no tengo voz, tocaré la batería”. Pues yo llevaré furgonetas de músicos o montaré luces porque soy muy radical en eso, es música o nada, no conozco otra cosa.

En una entrevista con motivo de su anterior elepé nos comentaba que sus mejores discos salían cuando más roto estaba.

Venía feliz y enamorado. Estoy orgullosísimo. Esa peña que vive con un retrovisor y va mirando, diciendo: “¡Ay! qué vergüenza el disco, qué vergüenza casarme...”. Joder, si te casaste es que estabas muy enamorado. Y yo hice un disco de rojo y blanco. En aquel momento yo estaría hablando contigo con una sonrisa de oreja a oreja porque estaba muy enamorado, tenía pasta en el banco, tenía dos perros, paseaba todos los días por un jardín de flores... En aquel momento grabé un speech a las 12 de la noche, cuando iba a salir el disco, que hay que hacer una turra acojonante en YouTube, porque para vender discos hay que inventarse muchas cosas (sonríe), y yo, vestido de rojo, digo: “Saldremos mejores. Sí a la vida, no a la tristeza, porque es la pospandemia, el amor...” Una turra de personaje de Walt Disney (ríe). El primer comentario, lo puedes leer, que no lo borré, de un señor que no conozco pero amo y quiero abrazar, reza: “A ver cuando te separas y haces un discazo”. ¿Cómo me voy a enfadar con ese público que me quiere roto si yo quiero roto a Aute? A Sabina y a Serrat los quiero mucho, pero cuando estaban destrozados, llorando, escribieron obras maestras. No digo que mi disco sea una obra maestra, pero escribí desde lo más profundo de mi alma, hay canciones como ‘Seríamos reyes’ o ‘Durmiendo con mi enemiga’ con las que mojaba en lágrima el papel. Duele reconocerlo, pero escribo mejor ahí.

El músico ferrolano, durante un momento de la entrevista en la redacción de El Ideal Gallego
El músico ferrolano, durante un momento de la entrevista en la redacción de El Ideal Gallego
Carlota Blanco

Por el medio del disco hay un recuerdo al Náutico de San Vicente.

Mi casa. Y Miguel de la Cierva, mi hermano. Surge porque me estaba pasando de lado oscuro en ‘Lúa’. Mi AR, David Bonilla, me decía que necesitaba un poco de cafeína, un poco de frescura. El Náutico... me caen muy mal los pedantes que dicen que molas cuando te va mal. “El Náutico molaba cuando iban cinco”. Ya, pero tú no estabas. Es como cuando me dicen: “Tú molabas en ‘Libertad’”. Yo en ‘Libertad’ dormía en un cajero en Tetuán, en Madrid. Y por cierto, tú no estabas. A mí me encanta que Miguel triunfe y el Náutico se llene, y ojalá se llene más. Pero cuando no se llenaba, Miguel cerraba con una cadena de bici o moto. Ella y yo estábamos en el baño y no nos vio. Y nos encerró en el paraíso toda la noche. La canción cuenta que llega la luz cada 13 segundos, porque es lo que tarda el faro en volver; cuenta que bajando por su garganta, creció la luna, que es una frase para mayores de edad (sonríe). Me encanta tener recuerdos, paisajes, destellos, momentos de gente de puta madre que me crucé en el camino y rendirles homenaje. Ni siquiera la llamé, no se lo conté, salió el disco, espero que no se enfade por contar su historia.

Empieza la gira, ¿qué espera?

Espero emocionar. Parece una suerte de frase de cantautor y para quedar bien. Estaremos en Galicia, el 22 de mayo en Vigo; el 29 en mi ciudad, Ferrol; y el 4 de junio en Capitol, en Santiago. Jueves universitario, que yo soy universitario todavía, tengo que celebrar (ríe). Si alguien espera un espectáculo pirotécnico, de pantallas, que tiemble la Panorama porque llevamos más montaje... que no venga. Yo monté unas alfombras, unas lámparas de madera y voy a cantar las canciones con mi guitarra. Espero que la gente recuerde que antes lo importante eran las canciones, no el plástico, no el envoltorio. Echaba de menos eso. Me echaba de menos porque en ‘Viaje de vida y vuelta’, no es una crítica, es una autocrítica, me fui a montar unas luces, unas pantallas, un vestuario... pasarán los años y lo seguiré firmando: creo que mi público se alejó cuanto más quería engrandecer aquello. Espero que la gente cuando venga se le caiga una lágrima, una sonrisa, soy más de lo primero... que se emocione, ¡carajo! Que deje el teléfono, el Twitter, los tambores prebélicos, los insultos y que esté conectado dos horas con la música.

En breve se cumplirán 25 años de ‘De ida’, su primer disco. ¿Contempla alguna celebración especial?

No me deja contarlo David (señala a uno de los miembros de su equipo, que se lleva el dedo al cuello) porque me dice que no (ríe). Coñas aparte, llevo desde los 14-15 años en bares de Ferrol, bodas, bautizos y comuniones, orquestas... Aquí estuve en Feáns, en la Juan Mallo. Cuidado, ¿eh? que hubo mucha orquesta y es una gran escuela. Pago mis facturas desde los 18 y voy a cumplir 43, mal llevados porque salí mucho de noche y lo pasé de puta madre. ‘De ida’ lo grabé con 18 años o así. Algo debo de hacer bien porque qué privilegio poder vivir, pagar facturas, que yo es lo que quiero. Cada vez somos más materialistas, más capitalistas. Queremos más. Más ‘sold out’. Más números 1. Yo firmaba ahora, tienes mi palabra de honor, me quedaría así, no quiero descapotables, ni mansiones... Vivo de la música, pago mis facturas, vivo bien... Ojo, a lo mejor es como ‘quinientoseurista’, no estoy diciendo que vaya a vivir en una mansión. Cuando fui mileurista lloré 15 días y llamé a mis padres para invitarlos a comer. Vengo del metro de Madrid y de los bares de Ferrol. Algo debo hacer para celebrar que se puede vivir de lo que uno sueña.

“Pago mis facturas desde los 18 y voy a cumplir 43, mal llevados porque salí mucho de noche. Algo debo de hacer bien porque qué privilegio poder vivir y pagar mis facturas”Andrés Suárez

Hablaba de Feáns, ¿tiene más buenos recuerdos de A Coruña?

Todos. El Círculo de Artesanos, mi primer concierto aquí con 18, que entraron mis padres y dos amigos (ríe). Los recuerdos que tengo es de saborear el más profundo éxito, que es el de cantar a los camareros. Hoy en día es normal decir que cantar para 50 es un fracaso. A mí me llevó años, años, tío. Hay que paladear el cantar para camareros, es una escuela de puta madre.

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