
En “Galicia, distrito industrial. Conversas con Daniel Hermosilla”, –editorial Galaxia, 2024– Antón Baamonde sitúa a Pescanova, la empresa fundada por el lucense José Fernández López, la persona que inventó el congelado en alta mar, al mismo nivel que Inditex. “Foron dous casos de éxito”, asegura, “pero houbo moitos máis, aínda que a conciencia colectiva non sempre soubo identificar os resultados felices”.
Efectivamente, no siempre se ha podido reconocer la contribución a la industria de un territorio que, en el imaginario popular, no ha estado a la altura de otros mejor posicionados y ese “ostracismo” ha impedido conocer la historia del fundador de Pescanova, que es también el fundador de Zeltia, de Transfesa, de Titania e incluso del insecticida ZZ. Pero estos proyectos materializados y de éxito, estas marcas que han trascendido, son solo una parte del inabarcable legado del empresario lugués que el libro que acaba de publicar Marisa Gallero –“José Fernández López (1904-1986). Un empresario sin miedo al riesgo”, editorial Almuzara– se propone desvendar.
“Es desconocido en este siglo, pero sus pasos son fundamentales para conocer la historia empresarial de este país”, defiende la autora. Gallero, que ha trabajado durante cuatro años en este proyecto imprescindible para acercarse a la figura de José Fernández López y conocer medio siglo de historia empresarial de España, expresa su sorpresa por que, hasta la publicación de su biografía, solo hubiese “un par de perfiles escritos de unas treinta páginas que no indagaban en la cantidad de sectores y actividades en las que José Fernández López había sido innovador y fundamental para entender la realidad de Galicia y de la autarquía, puesto que sus adelantos y sus empresas como Transfesa y Pescanova fueron un éxito a nivel nacional”.
Gallero no tiene ninguna duda de que Fernández López fue un visionario; de hecho, solo así se explicaría su olfato para identificar necesidades y buscar soluciones, “asumiendo el riesgo como algo natural. Fue un hombre adelantado a su época”.
Las decisiones
Hay, para Gallero, tres momentos clave en su trayectoria. Más bien, precisa, tres decisiones. La primera es la que de alguna manera daría origen a todo lo que vendría después. “En 1935 escribió una carta al matadero provincial de Mérida para comunicar que estaba interesado en arrendarlo. Era la II República y el matadero estaba en quiebra”, relata la autora, “y lo alquila por 20 años. Es la primera decisión empresarial de gran envergadura porque él estaba en Lugo y moverse a Mérida fue fundamental para los negocios que vendrían posteriormente”.
El siguiente hito llegó ocho años después, también en una época convulsa. “La fundación de Transfesa, Transportes Ferroviarios Especiales, en junio de 1943, fue decisiva. En un primer momento estaba orientada al mercado del ganado, pero automáticamente se da cuenta”, apunta Gallero, “de la importancia de la fruta y es entonces cuando crea el ‘tren naranjero’ para mover la fruta del Levante. Es decir, comienza a mover todo tipo de productos”. Con Transfesa llega además otro cambio crucial que superó con mucho el marco de la empresa. “Le encargó a unos ingenieros el cambio de ejes porque cuando llegábamos a la frontera, a los Pirineos, la mercancía tenía que pasarse de un tren a otro –por la diferencia entre el ancho de vía ibérico y el ancho métrico–. Gracias a la patente de un sistema de cambio de ejes se ‘eliminó’ la frontera con Europa. Es, por así decirlo, la primera multinacional que está por todo el continente”.
Pescanova es la tercera decisión determinante en la trayectoria de José Fernández López. Y, como Transfesa, porque también trajo aparejada una innovación, de la que también habla Baamonde en su libro. “Él decía que, igual que se congela la carne, por qué no se podía congelar el pescado en alta mar. Compró los dos primeros barcos congeladores, el ‘Lemos’ y el ‘Andrade’, en 1960, y terminó creando la primera flota pesquera de Europa y la tercera del mundo”.
La publicidad
En Fernández López se aprecia una dualidad que comparte con otros empresarios gallegos. A nivel personal era “muy discreto”, resalta Gallero, “porque él lo que quería es que hablaran las empresas”. Y es ahí donde aparece el anverso: la apuesta por la publicidad, que concibió como un medio imprescindible. Capitán Pescanova o Rodolfo Langostino son nombres que forman parte de la memoria colectiva, pero su interés por las posibilidades del buen marketing es anterior. Gallero remite a la marca Apis, creada en el matadero de Mérida. “Él mismo hace los contratos, por ejemplo, de Apis, y ficha a un ilustrador, Donato Lobo, en 1941. Lobo era conocido porque era el que hacía las portadas de las novelas de Oeste”, recuerda la autora. “En los consejos de administración decía que había que invertir en publicidad y tuvo claro que determinados productos tenían que dirigirse a un público concreto, interpelándolo directamente”.
Sobre sí mismo apenas hay referencias publicadas. “Solo he encontrado dos entrevistas. La primera no es tal porque es una encuesta que le hicieron en 1962, como le hacían al resto de empresarios; la segunda se la hizo el hijo de uno de sus socios en Pescanova, Valentín Paz Andrade”. Las fuentes están, apunta Gallero, “en las cartas de los archivos históricos en las que vamos viendo cómo pensaba: Museo de Pontevedra, la Misión Biológica de Galicia, el Histórico de Mérida, o en las actas de los consejos de Zeltia, Frigsa o Ifesa, del archivo del antiguo Instituto Nacional de Industria (INI)”.
Extremadura... Y Galicia
El eje que forman Galicia y Extremadura estructuró la visión empresarial de José Fernández López. Marisa Gallero cuenta una anécdota que vivió en la presentación de la biografía en Mérida. “Allí no hay nadie que no hable de él como una referencia absoluta. Es más, llegaron a decir que para la ciudad, el gran hito del siglo XIX fue la llegada del tren y el del XX, la llegada de José Fernández a estas tierras. Era su tierra adoptada”, reconoce la autora, “pero todo lo hacía mirando y pensando en Galicia, que está en todas partes, en todo lo que escribe y dice”.
De este vínculo hay varios actos, uno de ellos poco conocido, como fue su decisión de financiar el legado de Castelao, el referente del nacionalismo. Apunta Gallero que llegó a Madrid en septiembre de 1923 para continuar sus estudios de Derecho y que allí se integró en el movimiento de Mocedade Céltiga, que contaba con representantes de la talla de Fermín Penzol, Valentín Paz Andrade o su “amigo del alma” Álvaro Gil Varela.
“Su hermano Antonio participaba en las Irmandades da Fala y José conocía la trayectoria de Castelao”, precisa antes de relatar un episodio en el que se expresan sus lazos sentimentales. “En unas cartas hablaba con el que entonces era director del Museo de Pontevedra, Filgueira Valverde, y le decía que no solo era importante adquirir los derechos de la obra de Castelao, sino que con ese dinero, 300.000 pesetas de 1964, lo mínimo que podían hacer era ofrecerle a su viuda los recursos para que viviese sin privaciones. Me parece una frase muy definitoria de este hombre, de su calidad humana increíble”.









