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“El marisqueo desaparecerá en diez años. Mi plan b es el turismo marinero”

Rita Vidal, sentada sobre la gancha, uno de sus aperos de trabajo, cree que la actividad marisquera
Rita Vidal, sentada sobre la gancha, uno de sus aperos de trabajo, cree que la actividad marisquera dejará de ser rentable en poco tiempo y por ello se decidió a crear AmarCarril
Monica Ferreiros
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La crisis que afecta al sector marisquero desde hace unos años está forzando una reconversión encubierta del sector. La merma de la producción es evidente y ahí están los datos a la baja de las subastas en las lonjas. De hecho, ser mariscadora a pie comienza a no ser rentable. Por tanto, renovarse o abandonar el trabajo en el mar. El futuro no es halagüeño sin un relevo generacional garantizado y unas ganancias fluctuantes que apenas dan para pagar los seguros y los aperos.

Por tanto, hay que reinventarse y esto es lo que hacen mariscadoras como Rita Vidal, de Carril, en Vilagarcía de Arousa, que combina sus labores de extracción de almeja con la de guía turística, una actividad que contribuye a poner en valor el oficio y a mantener el contacto directo con el mar carrilexo que baña el paraíso que se esconde en la isla de Cortegada.

Rita Vidal es mariscadora desde hace catorce años, pero lleva trabajando en el sector del mar desde que tenía quince como subastadora y después como operaria de lonja y hoy en día, además, como guía el parque de las Illas Atlánticas,

incide en que “había una necesidad tremenda de explicar lo que estábamos haciendo” y por ello, junto a otras compañeras, creó una asociación.

Como Arousa atrae a miles de turistas durante el verano el interés por la actividad de las mariscadoras de Carril era creciente hasta el punto de que “perdíamos de trabajar para explicarles a estas personas cómo era una almeja japónica, babosa, fina o a distinguirlas de los berberechos”.

AmarCarril, que así se llamaba la agrupación, comenzó a realizar talleres explicativos sobre las vicisitudes de su trabajo y su afán divulgador les hizo formarse en turismo marinero inclusivo para dar cabida también a las personas con diversidad funcional, lo que les valió el reconocimiento a nivel nacional a través del Ministerio de Pesca.

Marisqueo adaptado

La estampa de una parte de la playa cubierta de lonas con personas en silla de ruedas palpando el salitre en medio de las almejas y otras invidentes con conchas en las manos y dípticos en braille se hicieron habituales. Fue empezar y no parar.

Y toda esa actividad en una asociación sin ánimo de lucro motivó que el dinero que ingresaban no retornara a ellas. “No percibíamos un salario porque no pensábamos que iba a tener una repercusión tan grande como para que nos diera para vivir”.

Después de ocho años trabajando gratis, sus compañeras decidieron abandonar y dedicarse más a la tarea extractiva por lo que “me quedé sola”. Donaron el dinero que habían recaudado en la asociación a entidades benéficas y apareció la disyuntiva: “Irme a trabajar a tierra o darle una segunda oportunidad a esta labor transformándola en una ese ele”, con el mismo nombre de la asociación al que le añadieron los apellidos de turismo náutico y marinero. Y así lo hizo.

Colegios

En verano “funcionó muy bien” gracias a la afluencia turística, pero en invierno teme que la tendencia cambie y de ahí que busque sinergias encaminadas a las visitas guiadas con personas mayores o con los colegios.

Sin ser políglota ni mucho menos, Rita Vidal ha realizado actividades con personas de los cinco continentes con quienes se hace entender. “Vienen de Nigeria, Canadá, México, Países Bajos, Estados Unidos, Italia, Polonia…” y el denominador común entre todos ellos es que “se sorprenden con la dureza del trabajo, no se imaginan que las almejas se cogen a mano, pensaban que había maquinaria, desconocían que se trata de un trabajo artesanal o que el marisco sale de debajo de la arena”.

Trabajo en la playa

Y como no, cuando se enfundan las botas de goma cogen la gancha con sus propias manos y la introducen en la arena “se dan cuenta del esfuerzo que supone” y desde ese momento confiesan que “nunca más se van a quejar del precio del marisco porque saben lo que cuesta cogerlo”.

Pese a ello, la ganancia es escasa. Rita Vidal no tiene reparos en desvelar sus ingresos hasta el mes de septiembre. “Lo miré la semana pasada, con el permex llevo facturados este año 4.100 euros, a lo que hay que quitarle los nueve meses de seguro, que son unos dos mil euros, por lo que mi sueldo como mariscadora no llega ni a trescientos euros al mes”.

Rita pone el ejemplo de su madre, también mariscadora. “Ella vendía la almeja a 1.500 pesetas y hoy en día a mí me la compran por nueve euros. El mismo precio. No hemos evolucionado nada. Bueno, sí. Subieron el seguro y las cuotas”.

La reflexión queda en el aire y abre un debate: fijar un precio mínimo para el marisco, aunque es consciente de que sería muy difícil cumplirlo porque “la necesidad aprieta y qué haces con la almeja si nadie te la compra al precio que le pones”.

Entre la inestabilidad económica debido al cambio climático y a la competencia del marisco foráneo, además de la burocracia “nadie quiere que sus hijos vayan a trabajar al mar”. Entonces surge la pregunta, ¿qué va a pasar?, y la respuesta es contundente. “Esto va a desaparecer en diez años porque le pasa a todos los oficios tradicionales”.

Una vida ligada al mar

Sin embargo, no se le pasa por la cabeza dejar el mar. “Si tengo que trabajar en una fábrica, aunque gane un buen salario, me moriría en vida porque yo crecí respirando la libertad del mar. Ya te digo, encerrada, con un jefe y una labor mecánica acabaría enferma”.

Esta mariscadora reconvertida a guía turística abre otra controversia al situarse a favor de la acuicultura o, por lo menos, no estar en contra. “Todo lo que nos viene de fuera es de acuicultura y no sé por qué le vamos a dar potencialidad a otros países teniendo aquí el mar que tenemos”.

Con todos estos condicionantes “necesitamos un plan b”, que en su caso pasó por la creación de AmarCarril que, además de visibilizar el papel de la mujer en el sector del mar, conciencia en sostenibilidad, conecta tradición y modernidad en ámbitos como el educativo, el turístico, talleres temáticos, charlas o actividades lúdicas para todos los públicos.

Marisquiña

Todo ello con personajes como ‘Marisquiña’, que es la hija de una mariscadora que en verano acompaña a su madre a la playa. Este personaje protagoniza una serie de juegos y actividades interactivas para que los niños conozcan este sector primario.

Esta niña, a través de las páginas de un libro, que fue financiado por la Diputación, coge algas, juega con cangrejos, almejas, berberechos o mejillones con la finalidad de que “los niños distingan estos productos porque no hace falta irse muy lejos para darse cuenta de que hay mucho desconocimiento”.

Pero en AmarCarril no solo se muestra el trabajo de la mariscadoras, sino que embelesan los ojos del visitante con rutas a la isla de Cortegada en la que cuentan su historia, salpicada de las labores que se realizan en los parques de cultivo, las técnicas de extracción y gestión sostenible de las especies, la importancia de la subasta y comercialización del marisco o la convivencia entre el marisqueo y la conservación del Parque Nacional.

Todo ello para conformar un recorrido lleno de historia, leyendas y biodiversidad por un entorno privilegiado, donde se esconde el mayor bosque de laureles de Europa y una riqueza ecológica incomparable.

Y por si fuera poco, también realizan la Ruta Traslatio Xacobea con barcos adaptados, con un recorrido que navega por la isla de Cortegada, pasa por las tres cruces, Torres do Oeste (Catoira, Praia fluvial Vilarello, Valga), desembocadura del río Sar y llegada a Pontecesures.

Ante todo este atractivo no extraña que famosos de todo el mundo contacten con AmarCarril como la campeona de natación sincronizada Ona Carbonell o chefs con millones de seguidores como el neocelandés Paul Naggivan o el argentino Lele Cristóbal.

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