
La relación del gallego en general y el coruñés en particular respecto al marisco tiene mucho que ver con un cierto acomodo. Sabemos de su calidad, sus bonanzas y lo codiciado que es, pero nos hemos vuelto entre vagos y perezosos, mientras las hordas de turistas que cada año arriban a la comunidad lo sitúan entre los principales reclamos para su viaje. Al coruñés y al gallego lo alejan de su consumo desde la errónea percepción de un precio elevado a la supuesta falta de tiempo para prepararlo. Y eso es precisamente contra todo lo que lucha la nueva apuesta de Inmare en pleno Paseo Marítimo de A Coruña.
La histórica cetárea, situada en un enclave privilegiado al lado del Millenium, mirando a los ojos de la Torre de Hércules y junto a la cala de San Roque, ha entendido que hace tiempo que el cliente ya no se lleva el ‘bicho’ vivo para cocer en su propia casa. Sabe que hay que dárselo ‘masticado’ y en formato de experiencia. Y es por eso que la nueva terraza del cocedero al aire libre se ha convertido en toda una fiebre en A Coruña: saca el producto a la calle, lo prepara a un precio inconcebible sobre el papel, y todo ello en un enclave privilegiado a pie de playa y con aparcamiento propio.

Se trata de un producto cien por cien coruñés, en la medida de lo posible, pero sobre todo íntegramente gallego. Pero más allá de la frescura sorprende, sobre todo, un precio imposible de encontrar en la hostelería tradicional. A pesar de que varía según exigencias del mercado, una carta al uso sería más o menos: ración de pulpo á feira a 18 euros, mejillones al vapor a 4, gambones a 10 y percebes a 30. También es posible encargar por kilos nécoras del país, buey, centollo, bogavante o langosta. “Producto vivo, siempre a su disposición, en nuestras piscinas”, reza la carta. La realidad dicta que el proceso empieza en la piscina, sigue en la báscula y acaba en el cocedero. Sin un solo paso intermedio.
Se acabaron las excusas para no volver al producto de mar
Tal y como se dice hoy en día, existe la posibilidad de degustarlo en la pequeña terraza que acaba de abrir sus puertas, o bien llevarlo para casa. El take away de toda la vida, directamente desde el punto de cría. Pero sobre todo es la mejor forma para combatir esa crisis en la relación habitual que teníamos con el producto de mar, y ante el que nos faltaban alternativas que lo pusieran más sencillo.
Un negocio tradicional, con la confianza de la tradición, y que sobre todo vuelve a poner en valor una zona como la de San Roque, a descubrir incluso por muchos coruñeses como un tesoro poco explotado, y en el que realmente existen muchos tesoros que vienen directamente del mar a la mesa. Y, por si fuera poco, a un precio que rivaliza con otras opciones mucho menos ‘gourmet’.












