
En el número 1 de la calle Fernando Macías, Pan e Canela se ha convertido en uno de esos lugares que invitan a entrar despacio, a mirar el mostrador con calma y a dejarse llevar por los aromas. Detrás de este pequeño obrador está Yamila Novo, una joven emprendedora que ha hecho de la panadería y la pastelería artesana su forma de entender el oficio y el día a día.
Natural de Arteixo y criada en una familia de artistas, Yamila creció rodeada del amor por el trabajo bien hecho. Aunque ese entorno creativo marcó su sensibilidad, en la pastelería encontró su camino profesional. Con solo dieciséis años comenzó a formarse en cocina y gastronomía en el CIFP Paseo das Pontes, en A Coruña, y desde entonces ha ido construyendo un proyecto muy personal, basado en la paciencia, la técnica y el respeto por el producto.
Pan e Canela es una panadería pequeña, casi íntima, que está a punto de cumplir dos años. Un proyecto joven, pero con las ideas muy claras. “La intención es recuperar la tradición gallega del buen pan y de los buenos productos”, explica Yamila, que defiende una manera de trabajar profundamente artesanal. En el obrador apenas hay maquinaria: la imprescindible. El resto es tiempo, manos y fermentaciones lentas, con masas madres cuidadas y un uso mínimo de levadura, siempre pensando tanto en el sabor como en la digestibilidad.

Los panes de uso diario -como la chapata, el pan gallego o la barra- combinan masa madre y un pequeño impulso de levadura para lograr panes hidratados, con buena estructura y llenos de matices. En los panes especiales, como los de centeno integral, el trabajo es 100 % con masa madre, buscando opciones más digestivas y respetuosas con el cuerpo, sin renunciar al carácter.
En el apartado dulce, Pan e Canela apuesta por la bollería francesa como base técnica, por su precisión y resultados, sin olvidar las elaboraciones tradicionales gallegas, que Yamila quiere ir incorporando poco a poco. La idea es clara: dulces equilibrados, con sabor, pero sin excesos. “Tiene que ser dulce, pero no empalagoso”, señala. Que apetezca repetir sin que resulte pesado.
Durante la Navidad, el obrador despliega una de sus épocas más especiales. Este año, los roscones llegan con novedades como el relleno de crema de chocolate o el de pistacho, que se suman a los clásicos de nata, crema pastelera de vainilla y el tradicional. Se elaboran por encargo en formatos de medio kilo, un kilo y versión mini.
Los turrones también tienen un papel protagonista, con sabores como pistacho y frambuesa, kikos, cacahuete salado o café, pensados para sorprender sin perder el equilibrio. A ellos se suma el pandoro, una apuesta muy personal de Yamila, que quiso traer a Pan e Canela este clásico italiano tan querido en las fiestas. La receta fue ajustada con mimo, probada una y otra vez -incluso con la opinión de paladares italianos- hasta dar con el punto justo.

No faltan tampoco los panettones, disponibles en versiones como chocolate y avellanas, pistacho con frambuesa y chocolate blanco, o naranja con café, en formatos de medio kilo y 750 gramos. Y, como complemento perfecto para la mesa dulce, las ya reconocibles almendras garrapiñadas bañadas en chocolate negro, elaboradas de forma artesanal, una a una, con ese punto crujiente y profundo que las hace irresistibles.
La oferta navideña se completa con polvorones de cacao, coco, canela, almendra o café, pequeñas piezas que resumen bien la filosofía del obrador: tradición, técnica y una forma de hacer las cosas sin prisas.
Pan e Canela es hoy el reflejo de un proyecto construido poco a poco, con un equipo pequeño y creativo, que avanza al ritmo que permite el trabajo bien hecho.







